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lunes, 24 de octubre de 2011

Textos creados a raíz del encuentro "La Salamanca desaparecida"

El 28 de septiembre conocimos nuevos aspectos de la ciudad que hoy habitamos. Cómo era la ciudad hace 200 años, qué supuso la Guerra de la Independencia para sus moradores y para sus monumentos, cómo era la convivencia entre salmantinos y soldados ingleses y franceses...

Estos fueron algunos de los textos e historias que inspiraron los textos que se incluyen a continuación:
http://salamancaletracontemporanea.blogspot.com/2011/09/textos-usados-en-la-visita-la-salamanca.html


















Fuerte de San Vicente, Salamanca, 27 de junio de 1812

Más información



Desde mis paredes
, por Julián Martín Martín



Soy una casa cualquiera abierta a todos los aires de Salamanca en plena Guerra de la Independencia. Por los paralelos surcos de mi tejado bajará algún día la lluvia para lavar las negruras de la calle. Esas negruras que van dejando las pisadas invasoras de los franceses, las interesadas de los ingleses y las oportunistas de algunos compatriotas. Perturban mis cimientos voces extranjeras sonando roncas de avaricia y atropello en unos idiomas que desconozco. No sé cómo, llegan hasta mí gestas heroicas lejanas: Zaragoza, Bailén, Gerona o San Marcial; más cerca, Tamames o Ciudad Rodrigo, y más cerca aún, casi a mi puerta, Los Arapiles. Mientras, merodean aquí y allá, en guerrillas, los hombres de Julián Sánchez “El Charro”, con esos claroscuros en los que anduvo siempre el brigadier.
Circulan ante mis ventanas, en un cúmulo de desazones, militares españoles, niños y mujeres con su única fortuna: la esperanza. Esa esperanza me hace desear, en lo más íntimo de mis paredes, que cuando pasen los años, alguien, aunque sea un escritor oscuro, acaso en el aire solitario de mis escombros, escriba un canto de libertad en un otoño tranquilo bajo un cielo más diáfano y una tierra más limpia donde se perciba el trinar de los pájaros, el juego de los niños, el paseo de los abuelos, el requiebro de los enamorados y el sueño de los poetas.


***


Salamanca en 1810-12, por Josefa Sánchez Sousa


¿Cómo serías entonces… antes de que el extranjero hollara tu suelo?

Mi mente de pájaro quiere comprender, llorar tanta piedra, color y arte perdidos, tus blasones, tu armonía, tanta grandeza encerrada en la graciosa pequeñez de un recinto amurallado.

Cómo serías, … si con lo que te dejaron eres tan bella…


***

Textos creados tras el encuentro en Monumenta Salmanticae


























El 17 de septiembre visitamos la iglesia de San Millán
, un espacio ahora desacralizado y recuperado como Centro de Interpretación sobre el Patrimonio Arquitectónico y Urbano de la Ciudad de Salamanca, al servicio de salmantinos y visitantes. Nos sorprendieron tanto el espacio y su transformación como las pantallas interactivas, audios y videos. Era el último día del verano en el que se ofrecían visitas teatralizadas. Merece la pena una visita sin prisas para disfrutar de este rincón tan especial.

Estos son algunos de los textos creados tras la visita:



Restauraciones
, por José M. García



Nerea llegó a la fachada principal de la Catedral Nueva, cubierta de andamios, destinados a que las piedras doradas volvieran a ser de ese color, en lugar de parecer blanquecinas. Siempre le imponía respeto el tamaño de la fábrica a la que se enfrentaba esa clara y límpida mañana salmantina. Se sentía empequeñecida y recordaba la Sinfonía nº 1 La Gótica, de Havergal Brian: algo enorme, dentro de cuya estructura se podían encontrar pequeños cubículos, pequeñas capillas laterales que permitían el recogimiento sin salir de la grandiosidad del monumento.
Rodeó el edificio y, mientras contemplaba el astronauta de la Puerta de Ramos (no podía envitar tener la sensación de que se trababa de una aberración el introducir semejante elemento entre la cardina del s.XIV, aunque siempre era mejor que, finalmente, hubieran elegido ese símbolo de la modernidad en lugar de un yonqui o de un hongo atómico –opciones que habían barajado los canteros restauradores-. Salió del interior del edificio Iñaki, su ¿exnovio? La verdad era que, después de la discusión y del tono de agresión verbal a los que habían llegado en público, en el tren, mientras venían de San Sebastián, se hacía difícil dirigirle la palabra, pero era de cortesía decirle algo, pues el azar había querido que se encontrara a menos de un metro de ella.

-¡Hola!- dijo Iñaki.
-¡Hola!- respondió Nerea con un tono helador.
-¿Nos tomamos una pinta juntos?

Nerea no podía salir de su asombro, pero recordó a Emma Bovary, que engaña a todos menos a su autor, con su actitud frívola y ambiciosa, y respondió: “¿Por qué no?”


***


Lo eterno es vivir, por Sofía Montero García


Recortes de la historia
habitan en la piedra.
Con la magia del lenguaje,
se visten de oro
para dormir al tiempo.
Imagen del segundo,
gira en la distancia.
Salmantica quietud
ahueca la mirada
en el altar de la vida.
Virtual de sombras
focaliza la ciudad
en la iglesia de la luz.


***


Combo, por Mª Victoria Díaz Santiago

Pour David:
“Merci beaucoup pour le voyage à Paris”

Paris. Motifs. Musique. Chateauroux. Estas palabras resonaban todavía en su cabeza. Étoile. Ennemies Siamois. Etienne va conduciendo por la autopista a las afueras de París. El pensamiento del sarcófago de Saint-Menoux o el santo Menoux que colgaba prendido de su imaginación le asaltaba enjaulado, como la mente de mono en meditación, como ese disco de Cohen en el que este sale en la portada en blanco y negro comiéndose un plátano con la cáscara a medio pelar. Aunque dejemos a un lado los detalles de cocina y la leyenda de Víctor Hugo. Plus rien. La iglesia de San Millán en la calle Veracruz, las escaleras estrechas hasta subir al emplazamiento de la parte trasera del retablo, el altar, el coro, la antigua sacristía de esa iglesia desacralizada del siglo XII… ¡eran este sarcófago de piedra horadado por las manos de los fieles en busca de esa silueta esculpida de una flor de acanto! Un indicio de la verdad se lo dio la ciudad española madre de las ciencias que perdió su importancia internacional temporalmente con la ocupación francesa, Salamanca. El polvo de mármol sería la pista para llegar hasta Éol.


***


viernes, 21 de octubre de 2011

Vendimiario (II)

Más textos del recital de SLC del 19 de octubre...


Una foto de verano, por Armando Manrique Cerrato


Una foto, un segundo,
un brevísimo momento,
un intento siempre vano
de paralizar el tiempo,
de retener para siempre
ese mágico recuerdo,
ese que tal vez mañana
miraremos en silencio
y al recordar ese instante,
cuando más jóvenes éramos,
sentiremos la alegría
de volver allí de nuevo,
pero también la nostalgia
de lo que se fue con ello.

Mira esta foto de aquí,
unas niñas sonriendo
con el mar azul al fondo
y la brisa en sus cabellos.
¡Que siempre fueran así!,
sería un pueril deseo,
pues un día crecerán,
quizá se marcharán lejos,
serán ellas mismas, sí,
mas distintas por completo
pues ya nunca más serán
las niñas que un día fueron.

Las preguntas infantiles,
aquellos pequeños miedos;
cuando al caerse buscaban
un abrazo de consuelo
o demandaban cariño,
ternura, protección, besos.

Aplaudir sus grandes logros,
ser de juegos compañero,
cuando todo lo sabías,
cuando les leías cuentos
y compartías su vida,
sus fantasías y sueños.

Quedará ya para siempre
ese irrepetible gesto
por la lente congelado,
capturado en el espejo.
Y cuando pasen los años
quizá aparezcan de nuevo,
tras un rincón olvidado
o en un álbum polvoriento,
esas preciosas sonrisas
de la foto que ahora vemos.

Y allí con el corazón
y la mente volaremos
hacia un lejano verano
cuando más jóvenes éramos.

***


Reflexiones en voz baja, por Pascual Martín


Pese a todo, no soy tan mala persona, yo creo; y ya estoy en que alguien pueda objetar que qué voy a decir yo de mí mismo. No trato de convencer a nadie, malamente podría conseguirlo cuando no dejan de asaltarme serias dudas al respecto.
Yo fui siempre muy disfrutador de la lucha social. Huelgas, revueltas, manifestaciones, protestas... Siempre a favor del pueblo, de las clases más desfavorecidas. ¿Quién ha tremolado más veces que yo la banderola roja? ¿qué consigna marxista puedo no tener voceada en los mítines? ¿algún camarada podía señalar en qué algarada no se me vio? ¿cuántas detenciones llevo? ¿quién batalló con más entusiasmo en contra del poder establecido?
Pero cómo puede cambiar uno tan así, tan de hoy para mañana. Que ahora vea yo, a eso me refiero, todas esas devociones como algo extraño, alejado, impropio. Que lo razone como falta de madurez. Como un sarampión de cuando niño. O, digamos, como la ingenuidad que vives de joven y tarda en salir.
Yo no soy mala persona, de veras, ya lo dejé dicho al comienzo. Es que las armas las carga el diablo. Y lo que no son armas también, un simple boleto de la Primitiva, por ejemplo. Quién podía figurarse.
Los boletos de la Primitiva deberían venderlos, pienso, con una clara advertencia. Tal que los paquetes de tabaco pongo por caso: “Fumar mata”. Y ahí ya nadie se puede llamar a engaño. Bueno, pues en el boleto de la Primitiva (me lo repasé cien veces), por ninguna parte dice que tengas cuidado, que te pueden tocar dos millones largos de euros.
Y esa es la cuestión.


***

Poso y paso, por Toño Blázquez


Antes o después se cierra el círculo
y los labios acumulan tantos besos
que se desbordan.
Se van por las alcantarillas los abrazos
y los mares de proyectos
edifican olas de cementerios de hechos.
Todo, todo, se envuelve
en un sortilegio de olor a madreselva,
de matices suaves,
de movimientos orientales...
y de un silencio con sabor a vidas derrotadas.

Es una humillación simple, extraviada,
una infinita vacuidad.
Y el agua de este mar de proyectos
nos atraviesa el decorado vital,
espanta los delirios y concede,
querámoslo o no,
un protagonismo inadecuado al escalofrío.

Antes o después se cierra el círculo
y cuando ambas puntas se unen
habrá que ver donde externalizamos
la producción que dejó nuestro poso,
nuestro paso y nuestro ser.

***


Dónde irán a parar las palabras, por Almudena Torres Calles de Pedro


Hace unas semanas me encontraba paseando entre pinares cuando rondaba por mi mente la incógnita de dónde van a parar las palabras a las que no les damos vida. Palabras que sólo están en nuestra mente; que nunca llegamos a plasmar o darles voz... El divagar me llevó a mi querido y admirado poeta, Gustavo Adolfo Bécquer; y en mi mente revoloteó una Rima:

“¡Los suspiros son aire, y van al aire!
¡Las lagrimas son agua, y van al mar!
Dime, mujer: cuando el amor se olvida,
¿sabes tú a dónde va?”

Me preguntaba cual era el lugar donde iban a parar todas las palabras que no hemos dicho a tiempo; esas palabras que han estado en nuestra mente y que, por orgullo, indecisión, prepotencia, desconfianza, timidez, recato, respeto, miedo, y otras tantas verborreas mentales, que han oprimido la fluidez de la palabra dando lugar al silencio, al vacío... han hecho que la persona que las iba a recibir no haya sabido de su existencia; que haya caminado sin saber que alguien tenía en su haber palabras que no le pertenecían, que estaban destinadas para que otros las escucharan.

Sí, esas palabras que:
Hablan de amor.... y de odio.
Acarician los oídos... y destrozan el corazón;
Sirven para dar consuelo... y alteran la existencia;
Entrañan un compromiso... y una condena eterna;
Forman parte del comienzo...y consiguen que llegue el final;
Endulzan el alma... y la envenenan sin piedad

..Y me preguntaba, dónde van a parar las palabras que no expresé;
las palabras a las que no di vida;
las palabras que oprimieron mi pecho;
las palabras que revolotearon por mi mente;
las palabras que me hicieron perder a personas que quería;
las palabras que me hicieron distanciarme de aquello que deseaba;
las palabras que no alcanzaron a tocar el cielo;
las palabras que otros adivinaron y equivocaron;

...Y llegué a pensar que las palabras que estuvieron en mí; y por miedo, pudor o quién sabe qué, no supe decirlas a tiempo... Esas palabras, están en mi mente, en mi corazón, en mi esencia; se encuentran vagando en una vida sin fin, en tierra de nadie...

***


Extrae de mí, por Benito González


Extrae de mí la locura armoniosa
que dejé fluyendo suavemente
sobre las lagrimas de las rosas

Extráeme los chubascos
que riegan de ternura
los brotes suaves de la hierva
en la clara luna

Exprime el desmayo de un beso
que en mis labios ardientes
tu estancia espera

Ven, mi dulce amante,
comprime mi sangre
en las nubes del corazón,
porque en ellas danzan
las melodías
de mi amor.

***


Soledad de oruga y encuentro de mariposas, por Elena Villarroel


Vuela magistralmente por los cielos de algodón, posándose en cada planta, en cada persona que quiera acogerla con sensibilidad, pues su finura es agradable, pero no todo el mundo podrá acogerla como la acojo yo, que vuelo con ella en medio de la naturaleza verde y fresca.
Antaño, ella estaba en quietud, muy acogida por el caparazón que guardaba su cuerpecito tímido y cansado, pues allá fuera hay peligros, fatalidad y pesimismo. Nadie pudo inflingir dolor a su corazón porque el caparazón que la acoge es fuerte y lleno de gotas de rocío en su exterior.
La oruga necesita sentir el rocío exterior, la lluvia, el viento, y ver las nubes.
No es el momento, ahora solo quiere ver su interior sereno, que se prepara para su primer vuelo, para conocer los sépalos de las flores. En susurro te digo que el vuelo de la mariposa es majestuoso y libre, no tengas miedo de salir de ahí, oruga.
Mi mano te enseña la oruga delicada y frágil, pero llena de esperanza ante un futuro prometedor en que se despojará de su carcasa, y aunque sus ojos permanecerán cerrados a causa del sol, muy pronto los abrirá y verá a las demás mariposas navegando.
Un sol ilumina a la oruga, pero ella decide esperar paciente la hora de la salida. La lluvia se asoma para despertar su mente quieta, pero ella piensa en no humedecer su cuerpo, sino dejarlo seco al sol, para una meditación en silencio, que desarrolle la sabiduría interior.
Una vez salida del cascarón, la oruga se queda quieta, de gran emoción henchida, respirando lentamente, viendo unas nubes blancas, un cielo azul, sonrisas por doquier y un ambiente limpio y perfumado. Yo le ofrezco unas fresas, ella las acepta encantada, pero aún con la mirada miedosa.
Le tranquilizo y le digo: Sé lo que estás pensando, pero no temas, que el suelo que pisas ahora es seguro, situado en el paraíso.
¡Qué bella mariposa! Tiene vivos colores, está feliz. Nadie tuvo que coger sus alas para ayudarla a volar, sino que fue su sabiduría quien comprendió que debería empezar a volar sola, ya que las demás mariposas son libres y únicas, con colores distintos, pero ella aprendió en la soledad más absoluta, y ahora, se encontró conmigo y con miles de mariposas que estamos felices de acogerla, formando una gran familia de ángeles de la guarda de plantas que hablan a la humanidad.


***

Vendimiario (I)

Aquí podéis leer algunos de los textos que se leyeron el 19 de octubre en el recital de SLC que tuvo lugar en la Sala de la Palabra del Teatro Liceo. En verso o en prosa, sobre los más variados temas... Fue una buena vendimia. Gracias a todos los autores por su participación. Esperamos repetir.


Los esponsales del Corsario, por Gloria S. de Castro Prieto


Aquella mañana quise ser secuestrada por un pirata. Pensaba en el Capitán Sparrow, claro, tan guapo, tan moreno, tan aventurero, tan loco.
Bajé a la playa buscando el barco que me llevara lejos. En el horizonte la mar azotaba un velero hundido en un temporal ocurrido hace casi treinta años. Me senté en la arena, estaba tibia, era cosquilloso dejar entrelazar los dedos entre ella, arrugándolos. Al cabo de unos minutos un barco arribó a la playa, a bordo un hombre de tez oscura me indicó que subiera, alguien me esperaba para almorzar. Y como una es una soñadora subí a esa nao de bandera negra, donde los marineros cantaban eso de “ron, ron, ron, la botella de ron”. El trayecto fue breve pero intenso, el oleaje estaba embravecido. El viento golpeaba mi rostro salpicándolo de sal, era emocionante aventurarse así simplemente para comer.
Una vez llegamos al lugar indicado en el mapa (olvidé mencionarles que se me había dado un mapa al salir del pueblo costero, en el que había señalizaciones de donde quedaba la playa, a qué hora llegaría el piloto de la barca y donde estaría el pirata con el que iba a encontrarme). Dicho esto continúo, al bajar del bote me dejé humedecer los pies con el agua cálida del Caribe. Frente a mí una hilera de palmeras vareaban unas contra otras, ahuyentando quizá los demonios del mar. Y bajo un toldo de tela raída de color crema una mesa de madera donde dos copas de vino blanco esperaban ser degustadas. Antes de sentarme a la mesa, me eché en una hamaca de cuerda, me dejé llevar por el lento balanceo. El lugar era un paraíso, arena blanca, agua cristalina, viento suave, y de menú, langosta con vino blanco. ¿Qué más podía pedir?
Sí, había algo que podía pedir, que llegara el pirata anfitrión porque ya tenía apetito.
A los tres minutos de mi arribada apareció un hombre con la tez morena del sol, barba de tres días, calvo… (lo sé, los piratas llevan el pelo largo y barba, y una pata de palo, sin embargo mi bucanero era especial), llevaba una camiseta blanca de tirantes y un pantalón vaquero, iba descalzo. Se acercó a mí con una corona de margaritas que me puso en la cabeza, y un puñado de conchas que dejó caer sobre mis manos. Una voz aguardentosa dijo: “yo os declaro marido y mujer”.
Tras esto comimos y bebimos e hicimos el amor sobre la arena, y al caer el sol, salimos a navegar de nuevo, escondiéndonos tras el sol.
Nosotros somos los que decidimos qué soñar, dónde viajar y a quién besar. No dejemos nunca de hacerlo.


***


La lluvia, por Miguel Norberto Sánchez López


La lluvia trabajadora
se cansó de trabajar.
El silencio huele a yerbas,
a barro y a libertad.

A la puerta de una choza
un hombre y un niño están
viendo cómo el riachuelo
ha inundado un herbazal.

Por la ancha cara del cielo,
acabada de enjuagar,
unas nubes despeinadas
se alejan por no llorar.

El sol halla en cada hojita
una gota de cristal,
y es cada gota un espejo
de su propia majestad.


***

Ternura incandescente, por Montserrat Villar González


Dibujo la geografía de tu cuerpo,
lunares confusos en la blancura de tu piel.
Tiempo compartido
agazapado mientras me esperas,
líquido y ternura
en la palma de tus caricias.
Te reconozco en este lado de mi vida
observándome con los ojos que se aclaran
bajo el sol de los veranos.
Me sondeas y te preguntas, me preguntas
dónde me encuentro,
y tu abrazo me recupera del abismo
que me convirtió en silencio
antes de tu llegada.
Me quieres, te quiero
a pesar del dolor que causa la vida cotidiana,
la confusión de algunos años de distancia.
Me agarro a ti como me asgo a la vida
que a través de tus ojos
he aprendido a mirar.
Dibujo la geografía de tu cuerpo
y mis manos empapadas en tu olor
recorren el leve espacio que nos separa
en busca de tu anhelado sudor.

***

Habla el silencio, por Sofía Montero García


Adorno las pisadas
con el perfil del tiempo.
Aires de sueño
juegan entre piedras
en la piel de la quietud.
Sola,
con la brisa,
respiro palabras,
quemo la distancia
para entrar en mi,
donde habita el silencio,
la llama del latir,
el paladar de la mirada,
espejos de nueva sensación.

***

Somalia, por Luis Gutiérrez Barrio


Un grito subía por su seca y polvorienta garganta, buscando con desesperación un hueco por donde salir, pero no lo encontró. Un sollozo se ahogó antes de ver la luz. Su boca estaba sellada.
Dirigió sus ojos de niño al infinito, en busca de una mirada de comprensión. A nadie encontró y aquella mirada se perdió para siempre.
La tristeza hizo nido en su corazón. Una lágrima intentó asomarse al exterior, pero se secó antes de sentir el frescor de la vida. Sus ojos, inútiles hasta para llorar, tan solo servían de pasto a los miles de moscas que se agolpaban en sus comisuras. Poco a poco se fueron cerrando hasta sumirse en la más espesa de las tinieblas.
Se quedó escuchando con la esperanza de percibir una voz maternal que le hiciera sentir, en sus últimos instantes, el cariño y la ternura que nunca tuvo. Tan solo le llegaban gritos de desolación, llantos de desesperanza y gemidos de dolor. Poco a poco, hasta los gemidos se fueron apagando, apagando…, hasta quedar en el más absoluto de los silencios, roto solamente por el negro aletear de un pájaro de grandes dimensiones que revoloteaba a su alrededor. Trató de gritar, de pedir socorro, necesitaba que alguien le escuchara, que alguien supiera que existía. Su sellada boca y su seca garganta no le permitieron emitir ni el más leve de los sonidos.
Lo único que percibía era un olor a olvido, a confusión, a indiferencia, a soledad y a muerte. Pero hasta los olores desaparecieron.
Dentro de su ser se mezclaban y pudrían la ira con la impotencia, la pena con la soledad, el hambre con la injusticia, la sed con el odio, la enfermedad con el abandono, la indiferencia con el olvido, creciendo a pasos agigantados sin encontrar el más mínimo resquicio por donde salir.
Un día, la desesperación llegó a tal límite que perdió todos los miedos, y explotó con tal violencia que un enorme cráter abrió sus infantiles entrañas esparciendo por todo el universo la miseria contenida. El mundo entero se resquebrajó, y un trueno recorrió la Tierra gritando: ¡¡TENGO HAMBRE!!

***

Doce versos a Santa Teresa, por Verónica Amat


Fuiste su cazador, o fuiste caza?
del ave confiada hasta tu fuente,
llego y bebió transida el agua pura.
En tus manos comió pan de tu hogaza,
y al vuelo renuncio gozosamente,
y atada se quedo a tu andadura.
Razón a su divino desvarío
la carne por si sola no comprende,
no sabe esta locura compartida.
Y tarda en aceptar el desafío,
del vuelo de su alma que la asciende,
para hacer del amor boda encendida.

***

Con lápices, plumas y pigmentos, por Carlos Blanco Sánchez

Ilustrar es para el artista pescar imágenes y colores
en las profundidades emocionales de su ser y sembrarlos
en un papel.
Con lápices, plumas y pigmentos para
devolverlos a los mares
internos de los lectores: océanos
que anidan en el corazón. Océanos que inundan
la mente y la añoranza.

L.H.

He visto a Horna "pescar"
en el inmenso mar
de un pliego en blanco;
colmar su nasa con flores,
con cometas,
con espadañas,
tío-vivos,
caracolas,
sirenas,
soles,
ranas,
con palomas ávidas de paz,
con cartas del Tarot
toros,
caballos,
y hasta con “Bárbara”, la mariposa,
y “Plácido”, el dragón.

He visto a Horna dotarlos de alma,
-ebrio de arco iris-,
vestir las princesas
con bordados
de filigrana charra
y al pasear por su jardín rebosante de flores
con sonrosada tez,
me he perdido entre aromas
que impregnaban
los lienzos de sus cuadros,
las páginas del libro.
¡Qué pocas,
siempre,
para tan idílico paseo!

Y degusté almíbares
trepando por los troncos
y las ramas de los árboles de Horna.
Desde sus copas
escruté mil horizontes
diferentes.
Emocionado,
sentí el viento,
las nubes alcancé
con mis manos infantiles,
vacilantes,
y las besé,
y hasta sentí su sabor azucarado,
tejidas con amor festivo,
algodonoso.

Con él pude aprender
que el Universo es infinito
sentado en los tejados de sus casas,
tomando las estrellas
una a una.
A la luz de sus pecosas lunas
avisté gatos que,
de verdad,
maullaban;
y peces volanderos
pululando
muy lejos del río azul
y de la mar.
¡Saltaban de las páginas del libro!
¡Y de aquella exposición en Garcigrande!
¡Y en muchas otras salas!

Le he visto engalanar a Salamanca
de tantos colorines que,
ni en sueños,
hubiera imaginado
y ella tan bonita
y picarona.

En deliciosas nubes cabalgué
y descubrí a Delibes por Sedano,
en plena primavera,
montado en bicicleta.
Al cárabo ulular entre los pinos.
Me adentré
“Por caminos azules”
y escuché
“Tambores de Paz”
en la distancia.
Conocí a Alberti,
con su camisa blanca
azotada por la brisa,
allá en El Puerto,
cuando gritaba:
“¡Aire, que me lleva el aire!”
y pude escuchar a Horna preguntarme:
"¿Quieres que te enseñe cómo se hace un pan"?
Acaricié “La piedra arde”
y de su luz
surgió mi primer libro de poemas.
Todo un sueño infinito
de un mundo de imposibles
que Luis de Horna hace emerger
y muestra entre cenefas,
aguardando
que mis ojos
lo contemple
y quede ensimismado.

A su vera
di la vuelta al mundo
en un instante.

El alma de este autor
emerge de su obra.
¡Qué suerte que la vi!
También la acaricié
y hasta guardo un pedacito,
aquí,
en mi mano.

***

miércoles, 8 de junio de 2011

Textos sobre la exposición ¡Esto es la guerra! Robert Capa en acción




El 30 de marzo de 2011 visitamos la exposición de fotografías de Robert Capa y Gerda Taro en la Sala de la Hospedería Fonseca.
La muestra reflejaba la visión de estos dos artistas sobre los conflictos de su época, especialmente de la Guerra Civil española, donde Taro perdería la vida convirtiéndose en mártir de la lucha antifascista.
La enorme fuerza del fotoperiodismo de Capa reside en su compasión hacia el drama y la emoción de los acontecimientos humanos, junto con su extraordinaria capacidad para reconocer los acontecimientos importantes de la época. Las fotografías de Gerda Taro destacan por la “combinación de valentía y sensibilidad para fotografiar la guerra y sus efectos sobre la población civil”.

A continuación, algunos de los textos que suscitaron estas imágenes.


Bélico, por Josefa Sánchez Sousa

Cesó el tableteo de las ametralladoras, los soldados descansaban del -cuerpo a cuerpo-, los frentes estaban tan cerca que podían hablar de parte a parte.
El aire trajo un aroma a tabaco que despertó las ansias de nicotina en Alonso -fumador recalcitrante- que alzó la voz sin pensarlo:
- ¡Rojo, rojo, el del tabaco!
- ¡Qué pasa!
- ¡Un pitillo por el cacho!
- ¿Qué es eso?
- Chorizo del bueno, de Salamanca.
- ¡Hecho! ¿Y cómo?..
- En el punto de mira y bajo palabra de honor. Sin armas.
- De acuerdo, en el punto de mira y bajo palabra de honor en “Peña Negra”. Sin armas.

El heno deja dos huellas en movimiento reptando hasta encontrarse.
Se dan la mano, se abrazan y un “Nosotros no tenemos culpa, los que la tienen están durmiendo tan a gustito”.
- Yo soy Froilán Lastra Sánchez
- Y yo Francisco Alarcón Sousa
- Oye, ahí hay un chico que tiene tus mismos apellidos.
- Cómo se llama?
- Andrés
- Yo tengo un hermano que se llama así y no sabemos nada de él. Pregúntale que si tiene un hermano que se llama Fróilan. Si es así, mándamelo, que a lo peor no nos veremos más. ¡Adiós amigo!
- Adiós y suerte.
Los minutos se hacen largos y solo han pasado siete cuando el heno anuncia que alguien repta hacia “Peña Negra” y dos corazones se quieren salir del pecho.
Se abrazan tan fuerte que las lágrimas corren por el mismo cauce sin soltarse y en silencio.
Las palabras brotan con fuerza.
- ¿Y la madre y el padre?
- El padre llorando en la huerta y la madre muriendo en la casa desde lo de José.
- ¿Qué le pasó al José, que le pasó al José?
- En Belchite, fue en Belchite ¡Puta guerra, puta guerra!
Con los dientes apretados dice:
- Dispara hacia arriba. Si tenemos que morir que nos mate otro.
El heno marca dos líneas reptando cada vez más lejos, más lejos, más lejos...


La mirada de Cappa, por Natividad Gómez Bautista

La mirada de Cappa
es grito

atrapado en un instante.

Es coágulo

atravesado en la garganta.

Es niebla

emboscando cuerpos.

Es miedo

pegajoso y perpetuo.

La mirada de Cappa
es ávida,
voyeur
ajeno
de una carne herida.
Es tierra
hollada de muerte
anticipada.
Es mariposa furtiva

libando sangre.


¡Esto es la guerra!, por Luis Gutiérrez Barrio

Miedo, hambre y miseria.
Bombas, locura y desafío
lágrimas, tristeza y tragedia.
Rabia, odio, ira y frío.
Barbarie, horror e impotencia.
Lluvia, muerte y vacío
Ruinas, destrucción y violencia


Sus ojos infantiles reflejan miedo, hambre y miseria. Su madre, tal vez su abuela -pues la desesperación ha hecho tal mella en su rostro que es imposible adivinar su edad- la protege en su regazo, ¡inútil refugio para la balas!

Al otro lado de la calle, unos chicos, menos conscientes de la tragedia que se esta fraguando a su alrededor, han hecho un columpio con las vigas de una casa de adobe destrozada por las bombas, y juegan animosamente.

Por la carretera, una familia, privada de hombres jóvenes, huye sin rumbo, con la mirada perdida en un horizonte de esperanza al que aspiran llegar antes de que sea demasiado tarde.

Una mujer de edad indeterminada tira de un carrito cargado de fardeles en los que guarda, como verdadero tesoro, los pocos recuerdos que la barbarie le ha permitido conservar. En sus brazos, una niña de dos o tres años, con enormes ojos de mirada perdida, pide un trozo de pan y una cuna donde descansar.

Detrás de la mujer, un anciano, con los restos de un cigarro entre sus labios, camina con la mirada fija en el suelo, impotente, con rabia contenida por no poder hacer nada para calmar el hambre y la miseria que día a día se van apoderando de los suyos.

Siguiendo sus pasos, un famélico burro carga con las pobres pertenencias que han podido salvar de su destruida vivienda, camina impulsado por una extraña fuerza, cabizbajo, diríase que va pensando en la locura del género humano, que, teniéndolo todo, mata por arrebatar las migajas de su vecino.

A pocos kilómetros de allí, unos hombres, casi niños, con las cartucheras repletas de munición y con los fusiles en alto, gritan extrañas consignas animando a la exterminación de “los otros”, mientras ríen con cara de bobalicones, ajenos a la realidad que están destruyendo.


Gotas de vida, por Sofía Montero García

[Fotografía: Muerte de un miliciano, frente de Córdoba. España, septiembre 1936]


Conflicto en la mirada,
en el vaivén del tiempo,
despierta el pasado.
Vida y muerte
compiten en lo eterno
para esculpir la imagen
de una voz insonora.
Baúl de pensamientos
gritan con la historia,
muertos en la quietud de la sombra
herida por la piel del gesto.



Una pose muy particular, por José M. García

La batalla del Río Segre es más “bonita” en formato panorámico. La verdad construida es más belicosa que la propia contienda. Simulacro de realidad; realidad virtual antes de que apareciera la ILM. Cultura de la información, cultura de la creación artística. Rompecabezas beligerante; composición en papel impreso = acción social de las masas de la población civil. Mundo Contemporáneo.
El Miliciano de Cerro Muriano murió realmente, independientemente de qué fuera lo que pasara. Muertes de pose; muertes de interés periodístico; muertes para contar la Muerte. Ficción creada para crear la realidad. Nunca sabremos la verdad porque nos negamos a admitir que, la verdad, es la que aparece en los periódicos.
Joris Ivens marca la pauta; la realidad en movimiento tiene prioridad sobre la realidad destinada al estatismo de los medios impresos. Trenes blindados y caras de soldados-niños blindados. Castillos en movimiento estático. Realidad de realidades: maniobras por batallas. Belleza infinita de un blanco y negro que, retrata a la raza amarilla con una infinita gama de grises. Me acuerdo de Bertolucci y El último Emperador.
Gracias por convertir en más real la realidad, por usar mal una secadora. Gracias por la realidad casual. Todo es borroso y claro. El sufrimiento semientrevisto es más atractivo que el sufrimiento sin más. Sufrimiento, atracción y fotoperiodismo.
Una ventana abierta no es solo una ventana abierta si, en ella, está la cámara del fotógrafo para mostrarnos el hilo de sangre, que tiende a convertirse en charco del soldado abatido, desde el otro lado. Violencia de pose y violencia violenta. Nunca sabremos qué es más antibelicista, si un soldado cayendo muerto, un soldado caído muerto, o la composición de un plano con los restos de la batalla, con el transcurso de la batalla.
Batallas y batallar. Mujeres y hombres que descansan y bailan y olvidan las atrocidades del frente en la retaguardia. Cultura en guerra. ¿Nos decantamos por una Leica o por una Rolifkex? Hay que dejar constancia de que tomamos el Brunete y de los desastres de la Guerra; de la guerra.
Al exilio se camina con la serenidad resignada de la dignidad; de la amargura contenida y de la esperanza en el regreso. ¿Regreso? ¿A qué Patria? La patria de “Pasionaria” ya no existe. Ya solo nos queda escribir Los cipreses creen en Dios y reflexionar. Y esperar. Esperar que no haya que pedir, en el rezo de las escuelas, la bendición para el Caudillo, el Führer, el Duce, y el Emperador del Japón. Si me quieres escribir, ya sabes mi paradero: en las cámaras de Robert Capa y Gerda Taro.



Foto de guerra, por Annie Altamirano

Por los campos luchados se extienden los heridos.
Y de aquella extensión de cuerpos luchadores
salta un trigal de chorros calientes, extendidos
en roncos surtidores.
El herido
Miguel Hernández

Menos tu vientre, todo es oscuro
Miguel Hernández

What’s so civil about a war, anyway?
Civil War, Guns n’ Roses

Son tiempos de tinieblas.

En los dos extremos del fusil,
a ras de tierra,
la vida empuja,
la muerte arrecia

Quién sabe qué historias
cargan las mochilas:
futuros perdidos
que los muertos soñaron
yacen como equipo usado
al costado del camino

Todo es blanco y negro,
separados en vida por el odio
unidos para siempre en la muerte.
El campo de batalla
es rojo, barro y desesperación

En otro sitio,
lejos de la pesadilla,
de traje y corbata
otros velan sus armas:
acciones políticas,
mueven los hilos de la destrucción
y el hambre,

En el telediario,
al ritmo del Dow Jones,
las marionetas caen,
solo un número más
en la cuenta del horror

Son tiempos de tinieblas


Reflexión entre raíles, por Blanca González Prieto

Desposeído el ángel
arropó
con su negra capa al azuloso cielo
asfixiándolo,
y en su congoja desplazó a la razón de su letargia,
cayendo como un torrente
invirtiendo la posición de los verbos
cuando reverdecían de su dolencia.
Huyó por el vientre del raíl
dejando su cansado gesto...


La vida transida
de opacidad circunfleja transcurría...
Pero el vórtice atribulado maniató la luz del camino.
Nadie ganó... todos murieron
y un poco más,
los muertos de aquellos hijos que no llegaron.


Las batallas van haciendo estadísticas
de territorios... hombres...
Después todo se ciega...


La conciencia para la que no existen mordazas
abruma a una lágrima amalgamada
en el gaznate de la barbarie.


Maniatada es la condolencia del hecho,
y tardío el sentimiento,
cuando un hilo escurridizo
se lleva la vida...


En el manantial perdido, por Benito González


Abandoné el pensamiento
en la tela de araña
de la imagen plasmada de tu mirada,
borrando en la arena
las huellas de la encarnizada noche.

Y me alejé… de mi dulce amanecer
buscando tu leve sonrisa
en las balas que aún flotan en el
manantial perdido
de todas las malditas guerras.


Day D. Robert Capa. Fotos sobre España, por Mª Victoria Díaz Santiago

Parte 1. Entre visillos

“En medio de la plaza tocaba una banda. Las rachas de música estridente a veces se apagaban en susurros y cubiertas por el ronquido de unos autobuses naranja que salían de debajo del Ayuntamiento cada cuarto de hora, despejando la gente aglomerada, envolviéndola en el humo de su cola negra” (Entre visillos, Carmen Martín Gaite).


Naranja y cola negra. Así era el perro de Luisillo que se paseaba por entre las mesas olisqueando el suelo para encontrar restos de dulces y golosinas. Luisillo saboreaba un caramelo de algodón y alzaba la mano para apartarse de la nariz el caramelo rosa que se le pegaba, mientras sostenía del hilo grueso enrollado del dedo índice, un globo blanco en forma de paloma. Luisillo era un niño corriente que gustaba de corretear detrás de las mariposas en los recreos, buscar los nidos de los pájaros en la primavera y de comerse la leche condensada y el queso que le daban las maestras a la hora de la merienda en la escuela. Don Uben le había preguntado las cuentas ese día. Trabados de la mano con una cuerda, las niñas sacudiendo la coleta en la coronilla rematada con un lazo verde, daban vueltas a las latas con agujeros, llenas de brasas, para calentarse por la mañana en la escuela. Mientras Luisillo saboreaba el caramelo de algodón, su madre hojeaba una revista con la foto de la famosa Marina Vlady. Luisillo soñaba con la caramelera. Su hermana Clara, con subirse a los torreones para coger las hojas de las moreras.

Parte 2. Jardines del Visir

“SEMPRONIO.- ¡Qué espacio lleva la barbuda! ¿Menos sosiego traían sus pies a la venida! A dineros pagados, brazos quebrados. ¡Ce, señora Celestina, poco has aguijado!” (La Celestina, Fernando de Rojas, acto III.


Calixto. Madera seca. Ardiendo. La gracia, sin tacha, la seguiré donde quiera que estuviere.

Celestina. “Tanto miedo me tenéis. ¡Pues no deberían vuesas mercedes! Una es una vieja tal cual Dios la hizo. Sin felicidad. Sin pena”.

La fortuna hará que excuse mis faltas, se dice Calixto. Los lirios blancos del valle me harán salir del laberinto de la duda. Exilio. Melibea me espera sin avaricia ni cortedad, sin lágrimas, sin melancolía de alegrías. Los temores, los pesares darán por buenos mis merecimientos desde que el anhelo se ha marchado. Las sombras habitan en la oscuridad, y yo habitaré el infierno gustoso si las palabras se deleitan en los brillantes lirios blancos que crecen en su espacio.


martes, 17 de mayo de 2011

Fantasías animadas










El 5 de mayo de 2010 Javier Panera nos guió por la exposición colectiva Merrie Melodies (y otras 13 maneras de entender el dibujo).
Partiendo de la doble premisa de trabajar con animaciones y contar historias, esta exposición colectiva reunió una serie de trabajos que abordaban iconográficamente el subconsciente.

Estas son algunas de las creaciones de los miembros de SLC tras la visita:


ABABOL, por Gloria S. de Castro

Me cuesta escribir
De terrores infantiles,
De sombras animadas,
De Alicia y el conejo,
De aquel pasado
Con olor a telarañas.

Soy parte del presente,
ni un esbozo
Bajo la nieve,
Ni esa carencia de humor,
Ni la muerte albina,
Tampoco el vértigo
De entrar en ti,
Encuarnada,
Me despejan
Me evaden de estos aposentos.

Soy un lápiz azul
Que pinta el aire
De mañanas.


Dibujos animados de ayer y hoy, por Benito González

Imágenes animadas se elevan en el DA2 como el agua clara sobre el manantial que la deja fluir.
Los ojos de los humanos derraman pensamientos de horrendas cosechas y sombras quemadas en las alas negras del tiempo.
Pero mis años perdidos en el fugitivo intento de llegar a tu fantasía, son los más grandes de mi vida, los más intensos, plenos de ilusión, noche y día.
No quiero perder, en mi visión de enamorado, el poema marchito que aún no te he escrito.
No quiero dejar en el olvido lo que ahora parece hablar de lo que yo ayer ya he vivido.
Tus secuencias son alabanza en mi memoria, tu imaginación en mi deseo larga gloria, tu dibujo enclaustró mi alma eternamente, de mi niñez bella historia.
Quiero volver a mirarte desde la puerta desnuda del camino.
Y aun cuando no te vea, puedas encender el candil de nuestra infancia atrapada en ti, para que su luz mantenga en los fotogramas en movimiento la esperanza eterna de encontrar mi sonrisa.
Los días se elevan en el DA2 como el agua clara sobre el manantial que me lleva a ti, fantasías animadas de ayer pero jamás de hoy.


Poema de Luz Mercedes Orrego Morales

Un mundo deshabitado
Por las sombras,
La necesidad de volver
Al inicio,
La gravedad de las alas,
La culpa.


Merrie Melodies, por Montserrat Villar


Quiero escribir esta vida de nuevo:
sentarme en el centro de este cuarto que me observa,
sentirme abrazado por el color ocre y azul que cubre
las cuatro paredes que silencian mi destino.

Quiero escribir esta vida de nuevo:
ocultar la evidencia que pende de estos clavos,
olvidar esos minúsculos y acechantes cuadros
que recuerdan la vil infancia que he vivido.

Sentarme, sentirme, ocultar, olvidar...

Quiero descolgar esas verdades:
olvidar que ha existido este infernal invierno,
ocultar que he muerto bajo este techo,
recordar que quiero seguir viviendo.

Quiero descolgar esas verdades:
sentirme ausente de esta procaz presencia,
sentarme, inocente, a esperar la siesta
silenciando el miedo a despertar esa absurda vehemencia.


Qué hay de nuevo... por Mª Victoria Díaz Santiago


Pietr.

E intentó hablar su lenguaje. Miles de voces al unísono tratan de romper el hielo. Bunny produce sonidos de entre las voces. Es lo único que le recuerda a la verdad de guerra fría rodeado de las aves negras del hielo y sus melodías. Los monos del Ártico son hombres negros y mujeres que van también de negro, una especia extraña, no descubierta aún o en peligro de extinción, de corazones encarnados rompiendo su propia superficie de corazón escarchado. Bunny afina suvoz cálida de frío de témpano al sol helado latiendo a ciento sesenta pulsaciones bajo cero. Su origen humano es una especie en proceso de congelación. El espejo se hace añicos. El tren se detiene en la estación. Desde su asiento, Bunny no apartaba los ojos de la ventanilla.

Ingrid.

He tried to speak their language somehow. An orchestra of thousands of voices was trying to break the ice. Bunny starts to produce sounds from within those voices. That is the only cold war memory he has of the truth while being surrounded by Arctic blackbirds and their singing. The Arctic monkeys are a throng of men and women in black, a strange kind of specie not yet discovered but endangered perhaps. Crimson hearts in the process of breaking their own icy surface in the freezing cold, shape Bunny's gentle tone of voice. It is beating a hundred and sixty times per minute, under a chilled sun minus zero. He belongs to a new kind of specie in danger of freezing. The mirror gets shattered. The train gets to the next stop. In his seat. Bunny cannot take his eyes off the window.


En el perfil de las sombras, por Sofía Montero García

[Merrie Melodies. Fernando G. Instalación CRISÁLIDAS. Sala 7]

Espectáculo de luz en el sonido de la noche
focaliza las miradas.
Siluetas vigilantes del espacio
actúan entre los muros.
Acrílico de sueños
proyecta su expresión
atrapado por la imagen.
Presencia y ausencia,
pincel de sombras,
despiertan la quietud,
con trazos de cuerpo intermitente.

.....................................................................


En la visita, a algunos miembros les llamaron la atención obras que pertenecían a otra interesante exposición colectiva del DA2: Arctic Hysteria.


Una liebre iluminando al mundo, por Josefa Sánchez Sousa

[Obra de Pekka Jylhä: http://www.pekkajylha.fi/index2.html]











María do Ceo, cansada, se sienta en su confortable butaca. Como buena observadora -y entre bostezos- dice: ―Cómo está el mundo: umbroso, feo, asfixiante. Qué sue-ño-. Un cabezazo y Morfeo la abraza, desconsiderado:

―Mira dónde se posaron los cuervos, negros, antipáticos… Pero resultan, tienen movimiento.

―Corro, corro, corro mucho. ¿Dónde voy con tanta prisa? Sin meta, a oscuras. Sí, voy en busca de luz por bosques tenebrosos. Piso enloquecida por huellas ya marcadas.

―Qué frío tengo. Claro, ya estoy entrando en los ventisqueros… Me pondré el abrigo de “La Madre Tierra” que me regala Anne Rapinoja y también el sombrero… ¡Son una maravilla! Los zapatos, preciosos, no; tienen mucho tacón y yo corro mucho por la nieve que tiene luz… No, no tiene luz. Es una liebre iluminando al mundo con una lamparita. ¡Qué pena! Una liebre iluminando al mundo por nuestra incapacidad.

El ruido infernal de esas máquinas me ha despertado de este sueño tan raro buscando la belleza y la luz que sólo TÚ proyectas.


La histeria, la ártico, en fin... , por Lorena Escudero

La histeria.
La histeria es la histeria.
La histeria no es una enfermedad ni es locura.
Locura no es lo que te arroja desnudo al frío.
Frío es lo que se lleva, ardiendo, dentro.
Dentro aparece esa punción.
Punción constante, una cuenta atrás.
Atrás dejas solo cenizas.
Porque te quemas.

Todo helado blancor, toda sombra te transforma en una botella de combustible sin que te des cuenta. Y la punción es la chispa.
Puede que comiences a gritar. Quizá una mañana, delante del espejo, grites. Esperas -creo- que ese grito saque toda la histeria, que el espejo salte en pedazos, que se rompan las ventanas, las macetas, los platos, las paredes, que revienten tus pulmones. Eso habría sido tal vez el fin de la histeria. Pero el espejo sigue intacto. Y la punción también.
Así que sales afuera, no importa el frío, no importa el blanco, no importa. Sales y corres, gritas, caes, huyes, golpeas, caes, dibujas, cantas a gritos, corres, caes, gritas, arrojas, aturdes, corres, quemas, gritas, golpeas, quemas, caes, quemas, gritas.
Hay que destruir algo, a ti, reducirte a cenizas, del todo. Y luego nada.
Después de la histeria no hay nada, el inicio del ciclo. La botella de combustible comienza a llenarse otra vez, la punción duerme.

Como el Ave Fénix
pero sin poesía ni gloria.



Libertad, Igualdad, Fraternidad











El 14 de abril de 2010 visitamos la exposición permanente sobre la masonería que se encuentra en el Centro Documental de la Memoria Histórica. Un audiovisual, más de un centener de piezas extraídas del fondo documental, bibliográfico e iconográfico del Archivo del Centro y una visita a la recreación de una logia masónica inspiraron los siguientes textos:


Retratos para el recuerdo, por Blanca González Prieto

["Retratos desde la celda", exposición Archivo CDMH]


Cayó una espesa bruma sobre la memoria.
El ideal mató los ojos de los ángeles,
y el llanto rompió el silencio de una noche mansa.
Desde aquí escucho el mar,
sus lenguas babosas rebotan
en los costados de esta barca efímera.
Yo vi cómo la metralla se comía
la inmensidad de una palabra,
y su ala se deshacía al calor de su aliento.

Los portones acerados,
se empeñan en maniatarse a los muros,
tan solo un párpado de luz
se cose
a la sonrisa de tus labios,
a la serenidad de tus ojos
a esa presencia tuya que puedo ver tu último retrato.


Black Death, por Mª Victoria Díaz Santiago

[Carta a Nicomedes Ortega, 1935]


Bien había pensado en retirarme. Ya dice el dicho que la curiosidad mató al gato. No obstante, esa misma curiosidad me atraía como el compás a la escuadra y la mortaja a la calavera, como una mano justiciera que estuviera en posesión del conocimiento más absoluto, de la piedra sin pulir, del germen de la esperanza, de la caridad y de la fe. Nosce fe ipsum. La muerte negra.
Todo me daba vueltas. Anatemas se escapaban a borbotones de la vasija de barro. Las máscaras negras horadan los pasados albores del siglo XX. Había perdido la noción del tiempo tan solo marcado por el reloj de arena que no marcaba nada, porque era como si el tiempo se hubiera detenido en aquella antesala. La ambición, la ignorancia, la hipocresía eran una forma de libertad condicional que hacía advertir como más fácil la facultad de censurar que la de obrar. El caballero sabía que sería el fin de todo poder terrenal y profanación. Me encontré cara a cara con el difunto amortajado. A la gloria del gran arquitecto del universo me postraba yo, cual albañil, con la cabeza gacha.



Símbolos de la memoria, por Sofía Montero García

[Una mirada a la masonería. Símbolos: Banda de Maestro, grado 3º]


Amo el dorado de las formas
con el recuerdo perdido en el silencio.
Alboroto de huellas estampadas
destrozan la paz de mi palabra,
mueren en un símbolo de ideas,
en el latir de mi memoria,
en la quietud del cristal
que adorna los objetos del deseo,
en la huella de un recuerdo
congelado en el tiempo.


La Masonería, por Isaura Díaz Figueiredo


Todo rezuma misterio, inquietud en la gran Sala, algo desconocido se abre ante mí... "LA MASONERÍA”

Llamo a mi duende, ese que me quita de las grandes dudas, vive escondido en mi alma.

-¡Misterioso duende, háblame de esta parte del Museo, que tanto dolor ha causado, a la vez que tanto desconocimiento hay sobre lo que aquí se encuentra!

Si su lema es "Libertad, Igualdad, Fraternidad"… no debe ser malo. Entonces, ¿por qué han sido perseguidos desde su fundación en 1730 por el Papa Inocencio III cuando se fundan las Logias, y la Iglesia Católica no duda en decir de ellos palabras tan duras como "Son como ladrones que irrumpen en la casa y también zorros que se esfuerzan por destruir tus viñas”? Oigo una voz fuerte, poderosa:

Artículo 12, sea aplicado con todo rigor.

Veo a un hombre de apariencia rica, aunque sus vestidos estén deteriorados por duras penas de cárcel; no se encoge, ni intimida ante aquella voz segura.

Él parece saber el motivo por el que ha sido acusado; cabeza alta, brazos presos a su espalda, sangre en las muñecas... poco importan, muestra seguridad y firmeza en cada gesto, con su mirada fija en la de su acusador.

Contesta con pausa a cada pregunta que se formula:

-Estado civil…casado
-Cargo actual...médico
-Lugar donde ingresó en la Masonería…Tengo la impresión que aquí duda antes de contestar; no obstante, bien dispuesto, bien disciplinado, responde. Barcelona
-Nombre simbólico que tenía dentro de la Logia….Rousel
-Jefes a los que estaba subordinado…a Dios y a la Patria
-Talleres…todos los que sirven para hacer bien al hermano
-Reuniones…las necesarias
-Cargos…un hermano más
-Razones por la que entró en la masonería…por Amor y Justicia
-Qué información nos puede dar sobre sus compañeros… No tengo compañeros, somos hermanos, nuestra sangre es una

No oí más, mi duende se ocultó en algún lugar secreto, posiblemente para escuchar la voz apagada, casi ininteligible, del General Franco, que, agitando su mano temblorosa, saluda desde el balcón del Palacio Real a la multitud que se congrega en la Plaza de Oriente.

Todas las protestas habidas contra España obedecen a una conspiración masónica izquierdista”…

Nada más pude entender. Seguro que no hubo duende, ni voces, era solamente mi imaginación jugándome una mala pasada, precisamente dentro del Museo de la Memoria Histórica. Así fui otra vez adolescente, rebelde, pude volver a escuchar, por última vez, la voz del General Franco, 55 días antes de su fallecimiento.

Me asalta la duda de saber cuántas personas, de las miles que abarrotaban la Plaza de Oriente, sabían algo sobre la masonería… Un ruido difícil de explicar, quizá páginas de libros abriéndose a toda prisa, o quizá cerrándose, no sé... A lo mejor los espíritus de aquellos nombres escondidos entre legajos y que yo, intrépida de mí, había querido despertar de su largo sueño.



miércoles, 11 de mayo de 2011

Rumbo a Oriente (II)

La visita a la exposición Encuentros: Visión de Oriente por Occidente dio para mucho...
Aquí van algunos textos más.


Zheng He el Eunuco, por Natividad Gómez Bautista

A pesar de esa gran ausencia entre sus piernas, fue un hombre fuerte y valiente de casi siete pies de alto y cinco pies de circunferencia, frente despejada y ancha como de tigre, ojos tintineantes como rayos de luz, tez oscura y dura como piel de naranja y una boca tan rotunda como el mar, Ese hombre que, al mando de una poderosa flota de hermosos juncos rojos, exploró siete veces los mares desconocidos y algunos dicen que hasta llegó a América mucho antes que los europeos, ha vuelto. Y ha vuelto, después de miles de años, desde las profundidades del mar, no sabemos muy bien si en busca del trozo de historia que le han negado o de la vasija de barro que guarda sus genitales y su eternidad.


Francisco Javier, un tal Perry y la Banda de los Cuatro, por José Mariano Pizarro Sánchez

La Reina de las Geishas lavaba su sexo escarlata. Cubríase el torso con su kimono desasido, destarbado por la primera postura al abandonar el lecho. La luz entraba amarilla y lenta, como si le costara trabajo atravesar el papel de arroz de los paneles que daban paso al jardín. El sol posaba sus rayos en el centro de Ikebana que daba sentido a la estancia apenas amueblada, y rodeaban muy despacio a la mujer. Ela calaba su mano en el agua jabonosa contenida en una palangana de porcelana Quin Bai, mientras un bucle de sus cabellos negros caía tapándole los ojos.

La rendija lineal que dejaba el panel de la ventana permitía contemplar el puerto, donde hacía su entrada en esos momentos uno de los juncos de Zhenghe. De las espumas del mar de Occidente se alzó un dragón azul cobalto y apoderándose del rebufo del viento penetró por todas las rendijas de cada casa. La geisha y la palangana rodaron semienvueltas por las esterillas del suelo que, si bien amortiguaron a la Reina Geisha, no impidieron a la palangana hacerse cien añicos.

Dragón Cobalto se erguía rampante sobre la mujer, en penumbra bajo su sombra tenebrosa. La luz de su mirada eclipsó monentáneamente el animal fabuloso. La hembra en calidad de reina, armándose de un pedazo de porcelana rota, de afilada esquirla y de un escudo de coraje, se lanzó ahacia él sin perderle la mirada. Cortó sus fauces manchando las paredes del aposento con ocho flores de loto rojas.

El monstruo lanzó un rugido de cañón, barriendo con su cola en ademán de esquivo dolor el espacio que le circundaba. Poco a poco, como camaleón que transita sobre una estela de pasión, se fue tornando de rojo óxido.

El fuego de sus entrañas suturó la herida de la piel y del honor. Prendiendo a la muchacha con su garra, y de tal manera que no lastimara su delicada belleza, la raptó, como si de una sabina de Oriente se tratara. Voló rasante. Surcó los mares del sur de la China hasta que recaló al suroeste de Java.

El Hijo del Sol Naciente cerró puertas, ventanas, mamparas, palenques. Alineó a sus ejércitos frente a los ejércitos de Pandu, frente a los ejércitos de Siam, frente a los ejércitos de la Cruz Ultramar. Así permanecieron en el transcurrir de los tiempos hasta que, descartado el rescate de la hembra, se optó por las alianzas y pudo llegar un tal Perry a la bahía Edo en Cipango.

A veces, recostado en la luz del atardecer, se pone de manifiesto el vago devenir del tiempo. Se calman las epopeyas e irrumpe la civilización, el encuentro, solo por un tiempo. En uno de esos trances del instante histórico, la geisha y el dragón cohabitaron. Él levantó un teatro para que ella cantara sus lágrimas, danzara sus sentimientos, contara las hazañas de su señor con esas marionetas, con esos títeres de sombras que ahora ustedes ven colgados en las paredes de mi casa. Mi madre, como no era inmortal, con sus cenizas y un poco de caolín, la transformó mi padre a fuego en una miniatura de porcelana que siempre nos acompaña.

Cuando salgamos ahí fuera, mis tres hermanos y yo navegaremos por los mares a lomos de libros sagrados. Aquí pondremos la victoria, allí la muerte, el hambre y la guerra... Iremos a festejarlo a una ensenada, con mucho cuidado porque, según el dragón, de un galeón castellano bajará Francisco Javier, clavará en la arena una espada, nos reclamará o no la caja caoba, que aloja la miniatura porcelana que siempre nos acompaña.


Silkworm, por Mª Victoria Díaz Santiago

¡Cómo se colma de respeto mi corazón
cuando contemplo la empalizada carmesí
de esta morada de dioses!

Ikuta Atsumori
Komparu Zenpô (1454 - c.1520)


Eccentric.
Mother of Pearl is in a silk kimono over a round table in a watercolour and ink on paper painting. It travelled inside back in time a hundred years. It had no maps, no palaces; there was no waiter in a white jacket. Scents of frozen beings brought back to life by fragile human flesh call upon cinnamon Bodhisattvas. The silkworm holds close life-eating leaves greedily. It had always wanted to be a glow-worm but it was born a silkworm, a black silkworm.

Day after day Mother of Pearl grows, and grows and grows. Its ordinary black soft body fades away during the daylight. Its new white big light seems to hang out from within the branches. It is lingering for change. Time flies and the worm grasps itself inside a yellow silk shelter at dawn, getting gratified for the plain forgetfulness of useless hours waiting to be born, waiting to come out. The trim butterfly is gone. Silk is all over. Mother Pearl heard the humming of its own steps on the wet mud.


Gusano de seda, por Mª Victoria Díaz Santiago

Excéntrico.
Madreperla lleva puesto un kimono y cuelga por encima de una mesa redonda en el cuadro de acuarela y tinta sobre papel. Ha viajado dentro de si unos cien años atrás en el tiempo aproximadamente, sin mapas, sin palacios, sin un camarero con chaqueta blanca. De entre las ramas, el aroma inerte de seres devueltos a la vida por la frágil carne humana se deja llamar por los Bodhisattvas canela. El gusano de seda se envuelve con avaricia de pétalos verdes sedientos de vida porque siempre había querido ser luciérnaga. Sin embargo, ha nacido gusano de seda. De color negro.

Día a día Madreperla crece y crece. Su achaparrado cuerpo oscuro a las horas del día le convierte en una gran luz blanca con nubes azabache y parece que se va a abrir por dentro. El tiempo vuela y el gusano de seda se abraza al interior de su refugio amarillento al amanecer, reconfortándose en el abandono de las horas inútiles que esperan ser devueltas a la luz, que esperan abrazar su aura. La envoltura sedosa está vacía. La empalidecida mariposa se ha marchado y solo queda la seda. Madreperla ha reconocido la música de sus propios pasos sobre el fango humedecido.


Poema de Juana Ciudad Pizarro


Cae la lluvia
Las montañas duermen
Bajo sábanas de nubes

El emperador Shi Huan
Quiso llevarse a su ejército
Al más allá

Las bicicletas
Sigilosas recorren
Las avenidas

Y su gran sueño
Fue la pesadilla de
Miles de hombres

Al atardecer
La muralla de Xi'an
Como un regalo

Con su pueblo fue
Cruel y se creía
Hijo del cielo

Faroles rojos
Se encienden, y se apaga
La algarabía

Esta es la historia
Del emperador Shi Huan
El unificador

La ciudad duerme
Los gusanos de seda
Nunca descansan


Poema de Luz Mercedes Orrego

A Ghania no les basta
el rey para ser feliz.
En el jardín, el perfume
del amante azul se le
escapa de sus manos,
los jazmines entreabiertos
presagian la noche,
la estupa, le recuerda
que es ella y nadie más.


Poema por Luis Miguel Gómez Garrido

OM...

"Así, cuando el sol del puro Conocimiento de si brilla,
el mundo de los vivos y las cosas sin vida,
el universo y todo lo que existe,
en el Supremo parecen no ser más que una realidad."

(Lal Ded)


Alma peregrina, no divagues
en superflua metafísica.
Ocultos senderos, caminos internos,
conducen a tu templo sagrado, entre montañas,
bajo el Sol de la Conciencia radiante.
Tus pensamientos se ciernen como águilas
coronando la pureza de las cumbres
en la serena frente azul del cielo.
¡Cuánta paz se siente en el alma de las almas,
donde late el corazón ardiente
del árbol, del pájaro, del gamo, del ciervo y del regato!
Sopla la brisa, suave, susurrante,
entre las músicas hojas de alamedas
al borde de los nadis que serpean
por el cuerpo vivo del valle.
Y un eco prolongado resonando en el abismo
recuerda el alma ensimismada
su origen divino.


Dioses de conveniencia, por Luis Gutiérrez Barrio

Si te llamo y me escuchas, serás mi dios.
Si atiendes mis súplicas, serás mi dios.
Si castigas a mis enemigos, serás mi dios.
Si haces que se cumplan mis deseos,
tú serás mi dios, y yo el tuyo.


Habían pasado ocho días desde que el galeón “La Concepción” zarpara de las Molucas con rumbo a Nueva España. Llevaba en sus bodegas un rico cargamento de especias, sedas, cerámicas…Al quinto día de navegación, les sorprendió una terrible tempestad que parecía no acabar nunca. Tres interminables días hacía que se había desatado aquella tormenta y el cielo no ofrecía ninguna señal que hiciera presagiar su final. Los marineros estaban exhaustos, un rayo había destrozado el mástil de proa y el viento había hecho jirones las velas. La navegación se hacía cada vez más penosa. Imponentes olas, levantaban la nave hasta el cielo, para luego sumergirla en una negra y profunda sima, como las fauces de un terrible monstruo marino dispuesto a engullirla.

Un fraile, abrazado con todas sus fuerzas al palo mayor, rezaba sin cesar a un dios que permanecía ausente del trágico escenario. Convencido de que todas sus plegarias, rezadas mil veces, no daban resultado, al borde de la desesperación y el desánimo, se fijó en un hombrecillo, que desde el día que partieron había permanecido abrazado a un bulto, tan grande como él, del que no se separaba jamás.

El fraile se acercó a él, dando bandazos por cubierta, levantó cuanto pudo la voz para hacerse oír entre el estruendo del viento y la lluvia:

- Qué ocultas con tanto afán.

El hombrecillo no respondió, al contrario, se abrazó con más fuerza a aquel bulto y apartó la mirada del fraile.

- Te he dicho que qué llevas ahí oculto, ¡responde!

Ante la negativa de aquel hombrecillo, el fraile requirió la ayuda de un marinero, que agarrado a una soga, se esforzaba por mantener a duras penas el equilibrio. Entre los dos rompieron la burda tela que envolvía aquel “tesoro” y vieron con enorme sorpresa que se trataba de una figura de madera representando una divinidad hindú de múltiples brazos.

El fraile, aterrado, retrocedió un paso, se santiguó e inmediatamente instó a aquel hombrecillo a que diera una explicación.

El hombre, atemorizado, apenas acertó a explicar que él sólo era un artesano y que había recibido el encargo de tallar esa imagen y que la llevaba para su entrega.

Al fraile de inmediato se le iluminaron los ojos, acababa de entender la razón de aquella terrible tormenta y por qué sus plegarias no eran atendidas: Había un dios pagano a bordo, y por supuesto había que deshacerse de él.

Envió al marinero a que avisara al capitán, quien no de muy buena gana se presentó en cubierta. El fraile le explicó la situación y que el único remedio para calmar la tormenta era arrojar aquella imagen al mar. El capitán no se mostraba muy convencido de que por tirar aquel trozo de madera al mar, este fuera a calmarse, pero ante la insistencia del fraile y teniendo en cuenta la desesperada situación, ordenó a la tripulación que así lo hiciera.

El artesano no estaba dispuesto a deshacerse de su trabajo, pues en él tenía puesta la esperanza de cobrar un dinero que le sacaría de muchos apuros. Se abrazó con todas sus fuerzas a aquella figura, pero la tripulación había recibido una orden y las circunstancias no se ofrecían para andar con contemplaciones. Cogieron por la fuerza a la imagen y al hombrecillo que no se separaba de ella y los arrojaron al mar.

La mar, lejos de calmarse, se enfureció aún más. Tanto fue así, que a las pocas horas, una gigantesca ola sacudió con tanta violencia al galeón, que lo partió en mil pedazos.

La blanca arena brillaba intensamente por la incidencia de los rayos del sol que lucía en un cielo azul y claro. Hombres y mujeres, con miradas incrédulas, recorrían la playa sin explicarse lo que veían: Cientos de barriles llenos de especias de todo tipo y arcones con riquísimas sedas diseminados a lo largo de la toda la playa, y en medio de aquel valioso tesoro, un hombrecillo abrazado a una extraña imagen. Se acercaron con cautela, con miedo, le rodearon, pensaban que estaba muerto. Uno de los hombres se acercó un poco más y le punzó con su lanza, como no respondiera, el resto de los hombres se acercó a él formando un círculo a su alrededor. De repente, el hombrecillo abrió sus atónitos ojos y levantó la cabeza sin entender donde se encontraba. Los hombres y mujeres que le rodeaban, retrocedieron espantados e inmediatamente cayeron de rodillas mientras entonaban unas rítmicas palabras que él no entendía. Le ayudaron a levantarse y con grande ceremonia le llevaron, junto con su escultura, al poblado. Instalaron la imagen sobre un pedestal situado en el centro de la aldea y a él le obsequiaron con todo tipo de riquezas, alimentos y mujeres. Fue alojado en la más amplia y suntuosa choza, y en ella vivió el resto de sus días agasajado y venerado como un dios.



Rumbo a Oriente, por Javier Herrero Barrado

Occidentalismo de unos, orientalismo de otros, Geocentrismo de Ptolomeo, Heliocentrismo de Copérnico, Eurocentrismo desde Robert Schuman, el ismo de Fulano y, cómo no, el de Mengano.

Oriente y Occidente, Occidente y Oriente, ¿Occidente u Oriente?
Una construcción ideológica: Oriente era el punto de referencia, por donde salía el Sol, nada más (y nada menos) y Occidente se autodefinía como cristiana.

La noción de Oriente y Occidente es simbólica, y según el siglo, civilización o lugar geográfico, se les otorgará un significado u otro.

"El otro" (persona oriental u occidental) forma parte de la visión que tenemos de nosotros (occidental u oriental), que vendría a decir "yo soy lo que tú no eres, sumado a mí".

El ser humano se pasa la vida (para bien o para mal) comparando o comparándose, con envidia y vanagloria, o sin ellas, me da igual.

También se pasa la vida relacionando y relacionándose, y esto es la clave del éxito de su evolución.

Las palabras Comparar y Relacionar se deberían escribir con mayúscula. Otras, depende:
desconfianza, Fascinación, desprecio, miedo, Admiración, Fantasía, Exotismo, fanatismo, Experiencia, resentimiento, recelo, etc.

¿Diálogo de culturas o choque de civilizaciones? No más estereotipos, prejuicios y tópicos.

Hoy en día, definir a Oriente y a Occidente me produce malestar, parece que mutliculturalismo (otro más, el ismo de Zutano, creo) solo existe en lugares como Nueva York.

Son evidentes las diferencias lingüísticas y religiosas, pero las similitudes entre todas las personas que pisamos este planeta son infinitas.

Las palabras oriente y occidente se deberían escribir con minúscula, aunque cada uno hará lo que crea más conveniente.