martes, 13 de diciembre de 2011

Cuerpo de Poesía (VI)

Mauricio Polina Cano nos hace llegar la sexta entrega de su proyecto.


Mi cuerpo plano

Ya no tendrá odio.
Las fábulas serán en mi vida.
El cuerpo sin polos.
¿Te dije que regresaría de manera positiva?
esto es lo que estoy haciendo,
de verdad.
Con mi cuerpo plano.
No absorbe ya las calumnias.
Los secretos rojos.
Mi cuerpo plano,
sin seguridades,
todo fluido.
Plano para que no se atore con tu indiferencia,
con tus tácticas de volcán.
Mi cuerpo plano.
Sin dolores adquiridos,
con los dones merecidos.
Atando los afectos de la lluvia de tu voz.
Un cuerpo encomendado,
para no maltratarle,
no desviar sus virtudes.
Un cuerpo que no tiene memoria.
Mucho mejor.
Casi respirando de forma automática.
Mi cuerpo plano.
Adelgaza a la deshonra.
Aun no está preparado para estar ahí.
¿Tiene caso volver a verte?
Mi cuerpo plano,
grueso en dulzura.
Mi cuerpo plano,
avanza en la vida,
no se detiene.
Fuertemente respira.
Las manos que habilitan.
Sólo por hoy mi cuerpo no engordara,
no dará cabida a lo que le aflige.
Mi cuerpo plano,
luminoso,
bien amado.
Templo de meditación,
soledad que desconoce.
Lentamente. Progresivamente.
Hasta que el día vuelva a amanecer y el cuerpo plano llegue a vivir de los rostros literarios




















Foto superior: Esteban Badillo López.
Foto inferior: Ángel Zuñiga C.

Visita a la exposición "Ballets Russes..."




















Para terminar el año, os proponemos un último encuentro de SLC el jueves, 15 de diciembre, a las 20,00 h en la sala de exposiciones de la Universidad de Salamanca en la Hospedería Fonseca. Se ha concertado una visita guiada a la exposición Ballets Russes de Diághilev y su influencia en el Art Déco. Aunque la exposición está estructurada en dos espacios (la sala de Fonseca y la Casa Lis), ofrecemos esta visita por adaptarse mejor al horario que solemos fijar para los encuentros.

Más información sobre la exposición

martes, 15 de noviembre de 2011

Cuerpo de Poesía (V)

Una nueva entrega del proyecto Cuerpo de Poesía, de Mauricio Polina Cano.















Hombre: Juan Antonio Pacheco Rangel
Niño: Emilio Maldonado Pachecho



Ayer hablé con mi cuerpo… mi cuerpo me habló



Ayer me dormí,
morí,
y sólo le entendí a mi cuerpo: Dolor.

Hablé con mi cuerpo ayer
y únicamente encontré tintas sin marcar,
capítulos vírgenes,
preguntas sin ancla.

Sí, una fe que no cualquiera la tiene.
Mi cuerpo es templo de esperanza.
Al abrir los ojos sé que estoy vivo, y junto a mi cuerpo.

Tan sólo ayer entendí a mi cuerpo,
y lo cobijé,
lo adoré,
fui su cuerpo.
Respiré con su nariz… me lo pidió.
Con sus pies…subí al triunfo.

Sus palabras fueron alivio en los riscos.
Amé con su corazón, y le encontré su combustible,
su razón de ser.
¿Lo conozco?
Poco, pues llora cuando sufre.
Ríe cuando se alegra
Eso es común,
Entonces soy vecino de mi cuerpo,
su espada,
su armadillo

Hablé con su boca, y la saliva se bloqueó: necesita néctar corporal.
Hablé, dije y me escuchó mi cuerpo una vez en la vida.
La vida escuchó mi voz.
Ayer te hablé, te saludé, y te moviste
¡Pues claro, no estoy muerto!
Te enseñé a defenderte y te felicito, pues lo haces muy bien.
Prueba de esto es que clasificas a la perfección lo negro y lo blanco.
Ayer, hoy y el martes te besé…y te dio pena; pero comprendo que aún no me tengas confianza.

Sí, soy tu amigo, confía en mí, no te mentiré.
Ayer te hablé, y hoy gracias a ti sigo respirándote y respirándome.
Hoy sé que existes, y sí existo.
Soy vida, y eres vida.

¡Jamás te caerás…y de eso me encargaré yo!... ¿Cuánto apuestas?

martes, 8 de noviembre de 2011

Premio de narrativa para Pascual Martín

Pascual Martín Ruíz, miembro de SLC, ha obtenido el primer premio en el XIII Concurso Literario "Hermanos Cabo", convocado por la Universidad Popular Sansueña, de Arroyo de la Luz, Cáceres, en la modalidad de Narraciones Breves, con el relato titulado Un kilo de sardinas.
¡Enhorabuena, Pascual!

Acta del fallo del Concurso

lunes, 24 de octubre de 2011

Textos creados a raíz del encuentro "La Salamanca desaparecida"

El 28 de septiembre conocimos nuevos aspectos de la ciudad que hoy habitamos. Cómo era la ciudad hace 200 años, qué supuso la Guerra de la Independencia para sus moradores y para sus monumentos, cómo era la convivencia entre salmantinos y soldados ingleses y franceses...

Estos fueron algunos de los textos e historias que inspiraron los textos que se incluyen a continuación:
http://salamancaletracontemporanea.blogspot.com/2011/09/textos-usados-en-la-visita-la-salamanca.html


















Fuerte de San Vicente, Salamanca, 27 de junio de 1812

Más información



Desde mis paredes
, por Julián Martín Martín



Soy una casa cualquiera abierta a todos los aires de Salamanca en plena Guerra de la Independencia. Por los paralelos surcos de mi tejado bajará algún día la lluvia para lavar las negruras de la calle. Esas negruras que van dejando las pisadas invasoras de los franceses, las interesadas de los ingleses y las oportunistas de algunos compatriotas. Perturban mis cimientos voces extranjeras sonando roncas de avaricia y atropello en unos idiomas que desconozco. No sé cómo, llegan hasta mí gestas heroicas lejanas: Zaragoza, Bailén, Gerona o San Marcial; más cerca, Tamames o Ciudad Rodrigo, y más cerca aún, casi a mi puerta, Los Arapiles. Mientras, merodean aquí y allá, en guerrillas, los hombres de Julián Sánchez “El Charro”, con esos claroscuros en los que anduvo siempre el brigadier.
Circulan ante mis ventanas, en un cúmulo de desazones, militares españoles, niños y mujeres con su única fortuna: la esperanza. Esa esperanza me hace desear, en lo más íntimo de mis paredes, que cuando pasen los años, alguien, aunque sea un escritor oscuro, acaso en el aire solitario de mis escombros, escriba un canto de libertad en un otoño tranquilo bajo un cielo más diáfano y una tierra más limpia donde se perciba el trinar de los pájaros, el juego de los niños, el paseo de los abuelos, el requiebro de los enamorados y el sueño de los poetas.


***


Salamanca en 1810-12, por Josefa Sánchez Sousa


¿Cómo serías entonces… antes de que el extranjero hollara tu suelo?

Mi mente de pájaro quiere comprender, llorar tanta piedra, color y arte perdidos, tus blasones, tu armonía, tanta grandeza encerrada en la graciosa pequeñez de un recinto amurallado.

Cómo serías, … si con lo que te dejaron eres tan bella…


***

Textos creados tras el encuentro en Monumenta Salmanticae


























El 17 de septiembre visitamos la iglesia de San Millán
, un espacio ahora desacralizado y recuperado como Centro de Interpretación sobre el Patrimonio Arquitectónico y Urbano de la Ciudad de Salamanca, al servicio de salmantinos y visitantes. Nos sorprendieron tanto el espacio y su transformación como las pantallas interactivas, audios y videos. Era el último día del verano en el que se ofrecían visitas teatralizadas. Merece la pena una visita sin prisas para disfrutar de este rincón tan especial.

Estos son algunos de los textos creados tras la visita:



Restauraciones
, por José M. García



Nerea llegó a la fachada principal de la Catedral Nueva, cubierta de andamios, destinados a que las piedras doradas volvieran a ser de ese color, en lugar de parecer blanquecinas. Siempre le imponía respeto el tamaño de la fábrica a la que se enfrentaba esa clara y límpida mañana salmantina. Se sentía empequeñecida y recordaba la Sinfonía nº 1 La Gótica, de Havergal Brian: algo enorme, dentro de cuya estructura se podían encontrar pequeños cubículos, pequeñas capillas laterales que permitían el recogimiento sin salir de la grandiosidad del monumento.
Rodeó el edificio y, mientras contemplaba el astronauta de la Puerta de Ramos (no podía envitar tener la sensación de que se trababa de una aberración el introducir semejante elemento entre la cardina del s.XIV, aunque siempre era mejor que, finalmente, hubieran elegido ese símbolo de la modernidad en lugar de un yonqui o de un hongo atómico –opciones que habían barajado los canteros restauradores-. Salió del interior del edificio Iñaki, su ¿exnovio? La verdad era que, después de la discusión y del tono de agresión verbal a los que habían llegado en público, en el tren, mientras venían de San Sebastián, se hacía difícil dirigirle la palabra, pero era de cortesía decirle algo, pues el azar había querido que se encontrara a menos de un metro de ella.

-¡Hola!- dijo Iñaki.
-¡Hola!- respondió Nerea con un tono helador.
-¿Nos tomamos una pinta juntos?

Nerea no podía salir de su asombro, pero recordó a Emma Bovary, que engaña a todos menos a su autor, con su actitud frívola y ambiciosa, y respondió: “¿Por qué no?”


***


Lo eterno es vivir, por Sofía Montero García


Recortes de la historia
habitan en la piedra.
Con la magia del lenguaje,
se visten de oro
para dormir al tiempo.
Imagen del segundo,
gira en la distancia.
Salmantica quietud
ahueca la mirada
en el altar de la vida.
Virtual de sombras
focaliza la ciudad
en la iglesia de la luz.


***


Combo, por Mª Victoria Díaz Santiago

Pour David:
“Merci beaucoup pour le voyage à Paris”

Paris. Motifs. Musique. Chateauroux. Estas palabras resonaban todavía en su cabeza. Étoile. Ennemies Siamois. Etienne va conduciendo por la autopista a las afueras de París. El pensamiento del sarcófago de Saint-Menoux o el santo Menoux que colgaba prendido de su imaginación le asaltaba enjaulado, como la mente de mono en meditación, como ese disco de Cohen en el que este sale en la portada en blanco y negro comiéndose un plátano con la cáscara a medio pelar. Aunque dejemos a un lado los detalles de cocina y la leyenda de Víctor Hugo. Plus rien. La iglesia de San Millán en la calle Veracruz, las escaleras estrechas hasta subir al emplazamiento de la parte trasera del retablo, el altar, el coro, la antigua sacristía de esa iglesia desacralizada del siglo XII… ¡eran este sarcófago de piedra horadado por las manos de los fieles en busca de esa silueta esculpida de una flor de acanto! Un indicio de la verdad se lo dio la ciudad española madre de las ciencias que perdió su importancia internacional temporalmente con la ocupación francesa, Salamanca. El polvo de mármol sería la pista para llegar hasta Éol.


***


viernes, 21 de octubre de 2011

Vendimiario (II)

Más textos del recital de SLC del 19 de octubre...


Una foto de verano, por Armando Manrique Cerrato


Una foto, un segundo,
un brevísimo momento,
un intento siempre vano
de paralizar el tiempo,
de retener para siempre
ese mágico recuerdo,
ese que tal vez mañana
miraremos en silencio
y al recordar ese instante,
cuando más jóvenes éramos,
sentiremos la alegría
de volver allí de nuevo,
pero también la nostalgia
de lo que se fue con ello.

Mira esta foto de aquí,
unas niñas sonriendo
con el mar azul al fondo
y la brisa en sus cabellos.
¡Que siempre fueran así!,
sería un pueril deseo,
pues un día crecerán,
quizá se marcharán lejos,
serán ellas mismas, sí,
mas distintas por completo
pues ya nunca más serán
las niñas que un día fueron.

Las preguntas infantiles,
aquellos pequeños miedos;
cuando al caerse buscaban
un abrazo de consuelo
o demandaban cariño,
ternura, protección, besos.

Aplaudir sus grandes logros,
ser de juegos compañero,
cuando todo lo sabías,
cuando les leías cuentos
y compartías su vida,
sus fantasías y sueños.

Quedará ya para siempre
ese irrepetible gesto
por la lente congelado,
capturado en el espejo.
Y cuando pasen los años
quizá aparezcan de nuevo,
tras un rincón olvidado
o en un álbum polvoriento,
esas preciosas sonrisas
de la foto que ahora vemos.

Y allí con el corazón
y la mente volaremos
hacia un lejano verano
cuando más jóvenes éramos.

***


Reflexiones en voz baja, por Pascual Martín


Pese a todo, no soy tan mala persona, yo creo; y ya estoy en que alguien pueda objetar que qué voy a decir yo de mí mismo. No trato de convencer a nadie, malamente podría conseguirlo cuando no dejan de asaltarme serias dudas al respecto.
Yo fui siempre muy disfrutador de la lucha social. Huelgas, revueltas, manifestaciones, protestas... Siempre a favor del pueblo, de las clases más desfavorecidas. ¿Quién ha tremolado más veces que yo la banderola roja? ¿qué consigna marxista puedo no tener voceada en los mítines? ¿algún camarada podía señalar en qué algarada no se me vio? ¿cuántas detenciones llevo? ¿quién batalló con más entusiasmo en contra del poder establecido?
Pero cómo puede cambiar uno tan así, tan de hoy para mañana. Que ahora vea yo, a eso me refiero, todas esas devociones como algo extraño, alejado, impropio. Que lo razone como falta de madurez. Como un sarampión de cuando niño. O, digamos, como la ingenuidad que vives de joven y tarda en salir.
Yo no soy mala persona, de veras, ya lo dejé dicho al comienzo. Es que las armas las carga el diablo. Y lo que no son armas también, un simple boleto de la Primitiva, por ejemplo. Quién podía figurarse.
Los boletos de la Primitiva deberían venderlos, pienso, con una clara advertencia. Tal que los paquetes de tabaco pongo por caso: “Fumar mata”. Y ahí ya nadie se puede llamar a engaño. Bueno, pues en el boleto de la Primitiva (me lo repasé cien veces), por ninguna parte dice que tengas cuidado, que te pueden tocar dos millones largos de euros.
Y esa es la cuestión.


***

Poso y paso, por Toño Blázquez


Antes o después se cierra el círculo
y los labios acumulan tantos besos
que se desbordan.
Se van por las alcantarillas los abrazos
y los mares de proyectos
edifican olas de cementerios de hechos.
Todo, todo, se envuelve
en un sortilegio de olor a madreselva,
de matices suaves,
de movimientos orientales...
y de un silencio con sabor a vidas derrotadas.

Es una humillación simple, extraviada,
una infinita vacuidad.
Y el agua de este mar de proyectos
nos atraviesa el decorado vital,
espanta los delirios y concede,
querámoslo o no,
un protagonismo inadecuado al escalofrío.

Antes o después se cierra el círculo
y cuando ambas puntas se unen
habrá que ver donde externalizamos
la producción que dejó nuestro poso,
nuestro paso y nuestro ser.

***


Dónde irán a parar las palabras, por Almudena Torres Calles de Pedro


Hace unas semanas me encontraba paseando entre pinares cuando rondaba por mi mente la incógnita de dónde van a parar las palabras a las que no les damos vida. Palabras que sólo están en nuestra mente; que nunca llegamos a plasmar o darles voz... El divagar me llevó a mi querido y admirado poeta, Gustavo Adolfo Bécquer; y en mi mente revoloteó una Rima:

“¡Los suspiros son aire, y van al aire!
¡Las lagrimas son agua, y van al mar!
Dime, mujer: cuando el amor se olvida,
¿sabes tú a dónde va?”

Me preguntaba cual era el lugar donde iban a parar todas las palabras que no hemos dicho a tiempo; esas palabras que han estado en nuestra mente y que, por orgullo, indecisión, prepotencia, desconfianza, timidez, recato, respeto, miedo, y otras tantas verborreas mentales, que han oprimido la fluidez de la palabra dando lugar al silencio, al vacío... han hecho que la persona que las iba a recibir no haya sabido de su existencia; que haya caminado sin saber que alguien tenía en su haber palabras que no le pertenecían, que estaban destinadas para que otros las escucharan.

Sí, esas palabras que:
Hablan de amor.... y de odio.
Acarician los oídos... y destrozan el corazón;
Sirven para dar consuelo... y alteran la existencia;
Entrañan un compromiso... y una condena eterna;
Forman parte del comienzo...y consiguen que llegue el final;
Endulzan el alma... y la envenenan sin piedad

..Y me preguntaba, dónde van a parar las palabras que no expresé;
las palabras a las que no di vida;
las palabras que oprimieron mi pecho;
las palabras que revolotearon por mi mente;
las palabras que me hicieron perder a personas que quería;
las palabras que me hicieron distanciarme de aquello que deseaba;
las palabras que no alcanzaron a tocar el cielo;
las palabras que otros adivinaron y equivocaron;

...Y llegué a pensar que las palabras que estuvieron en mí; y por miedo, pudor o quién sabe qué, no supe decirlas a tiempo... Esas palabras, están en mi mente, en mi corazón, en mi esencia; se encuentran vagando en una vida sin fin, en tierra de nadie...

***


Extrae de mí, por Benito González


Extrae de mí la locura armoniosa
que dejé fluyendo suavemente
sobre las lagrimas de las rosas

Extráeme los chubascos
que riegan de ternura
los brotes suaves de la hierva
en la clara luna

Exprime el desmayo de un beso
que en mis labios ardientes
tu estancia espera

Ven, mi dulce amante,
comprime mi sangre
en las nubes del corazón,
porque en ellas danzan
las melodías
de mi amor.

***


Soledad de oruga y encuentro de mariposas, por Elena Villarroel


Vuela magistralmente por los cielos de algodón, posándose en cada planta, en cada persona que quiera acogerla con sensibilidad, pues su finura es agradable, pero no todo el mundo podrá acogerla como la acojo yo, que vuelo con ella en medio de la naturaleza verde y fresca.
Antaño, ella estaba en quietud, muy acogida por el caparazón que guardaba su cuerpecito tímido y cansado, pues allá fuera hay peligros, fatalidad y pesimismo. Nadie pudo inflingir dolor a su corazón porque el caparazón que la acoge es fuerte y lleno de gotas de rocío en su exterior.
La oruga necesita sentir el rocío exterior, la lluvia, el viento, y ver las nubes.
No es el momento, ahora solo quiere ver su interior sereno, que se prepara para su primer vuelo, para conocer los sépalos de las flores. En susurro te digo que el vuelo de la mariposa es majestuoso y libre, no tengas miedo de salir de ahí, oruga.
Mi mano te enseña la oruga delicada y frágil, pero llena de esperanza ante un futuro prometedor en que se despojará de su carcasa, y aunque sus ojos permanecerán cerrados a causa del sol, muy pronto los abrirá y verá a las demás mariposas navegando.
Un sol ilumina a la oruga, pero ella decide esperar paciente la hora de la salida. La lluvia se asoma para despertar su mente quieta, pero ella piensa en no humedecer su cuerpo, sino dejarlo seco al sol, para una meditación en silencio, que desarrolle la sabiduría interior.
Una vez salida del cascarón, la oruga se queda quieta, de gran emoción henchida, respirando lentamente, viendo unas nubes blancas, un cielo azul, sonrisas por doquier y un ambiente limpio y perfumado. Yo le ofrezco unas fresas, ella las acepta encantada, pero aún con la mirada miedosa.
Le tranquilizo y le digo: Sé lo que estás pensando, pero no temas, que el suelo que pisas ahora es seguro, situado en el paraíso.
¡Qué bella mariposa! Tiene vivos colores, está feliz. Nadie tuvo que coger sus alas para ayudarla a volar, sino que fue su sabiduría quien comprendió que debería empezar a volar sola, ya que las demás mariposas son libres y únicas, con colores distintos, pero ella aprendió en la soledad más absoluta, y ahora, se encontró conmigo y con miles de mariposas que estamos felices de acogerla, formando una gran familia de ángeles de la guarda de plantas que hablan a la humanidad.


***

Vendimiario (I)

Aquí podéis leer algunos de los textos que se leyeron el 19 de octubre en el recital de SLC que tuvo lugar en la Sala de la Palabra del Teatro Liceo. En verso o en prosa, sobre los más variados temas... Fue una buena vendimia. Gracias a todos los autores por su participación. Esperamos repetir.


Los esponsales del Corsario, por Gloria S. de Castro Prieto


Aquella mañana quise ser secuestrada por un pirata. Pensaba en el Capitán Sparrow, claro, tan guapo, tan moreno, tan aventurero, tan loco.
Bajé a la playa buscando el barco que me llevara lejos. En el horizonte la mar azotaba un velero hundido en un temporal ocurrido hace casi treinta años. Me senté en la arena, estaba tibia, era cosquilloso dejar entrelazar los dedos entre ella, arrugándolos. Al cabo de unos minutos un barco arribó a la playa, a bordo un hombre de tez oscura me indicó que subiera, alguien me esperaba para almorzar. Y como una es una soñadora subí a esa nao de bandera negra, donde los marineros cantaban eso de “ron, ron, ron, la botella de ron”. El trayecto fue breve pero intenso, el oleaje estaba embravecido. El viento golpeaba mi rostro salpicándolo de sal, era emocionante aventurarse así simplemente para comer.
Una vez llegamos al lugar indicado en el mapa (olvidé mencionarles que se me había dado un mapa al salir del pueblo costero, en el que había señalizaciones de donde quedaba la playa, a qué hora llegaría el piloto de la barca y donde estaría el pirata con el que iba a encontrarme). Dicho esto continúo, al bajar del bote me dejé humedecer los pies con el agua cálida del Caribe. Frente a mí una hilera de palmeras vareaban unas contra otras, ahuyentando quizá los demonios del mar. Y bajo un toldo de tela raída de color crema una mesa de madera donde dos copas de vino blanco esperaban ser degustadas. Antes de sentarme a la mesa, me eché en una hamaca de cuerda, me dejé llevar por el lento balanceo. El lugar era un paraíso, arena blanca, agua cristalina, viento suave, y de menú, langosta con vino blanco. ¿Qué más podía pedir?
Sí, había algo que podía pedir, que llegara el pirata anfitrión porque ya tenía apetito.
A los tres minutos de mi arribada apareció un hombre con la tez morena del sol, barba de tres días, calvo… (lo sé, los piratas llevan el pelo largo y barba, y una pata de palo, sin embargo mi bucanero era especial), llevaba una camiseta blanca de tirantes y un pantalón vaquero, iba descalzo. Se acercó a mí con una corona de margaritas que me puso en la cabeza, y un puñado de conchas que dejó caer sobre mis manos. Una voz aguardentosa dijo: “yo os declaro marido y mujer”.
Tras esto comimos y bebimos e hicimos el amor sobre la arena, y al caer el sol, salimos a navegar de nuevo, escondiéndonos tras el sol.
Nosotros somos los que decidimos qué soñar, dónde viajar y a quién besar. No dejemos nunca de hacerlo.


***


La lluvia, por Miguel Norberto Sánchez López


La lluvia trabajadora
se cansó de trabajar.
El silencio huele a yerbas,
a barro y a libertad.

A la puerta de una choza
un hombre y un niño están
viendo cómo el riachuelo
ha inundado un herbazal.

Por la ancha cara del cielo,
acabada de enjuagar,
unas nubes despeinadas
se alejan por no llorar.

El sol halla en cada hojita
una gota de cristal,
y es cada gota un espejo
de su propia majestad.


***

Ternura incandescente, por Montserrat Villar González


Dibujo la geografía de tu cuerpo,
lunares confusos en la blancura de tu piel.
Tiempo compartido
agazapado mientras me esperas,
líquido y ternura
en la palma de tus caricias.
Te reconozco en este lado de mi vida
observándome con los ojos que se aclaran
bajo el sol de los veranos.
Me sondeas y te preguntas, me preguntas
dónde me encuentro,
y tu abrazo me recupera del abismo
que me convirtió en silencio
antes de tu llegada.
Me quieres, te quiero
a pesar del dolor que causa la vida cotidiana,
la confusión de algunos años de distancia.
Me agarro a ti como me asgo a la vida
que a través de tus ojos
he aprendido a mirar.
Dibujo la geografía de tu cuerpo
y mis manos empapadas en tu olor
recorren el leve espacio que nos separa
en busca de tu anhelado sudor.

***

Habla el silencio, por Sofía Montero García


Adorno las pisadas
con el perfil del tiempo.
Aires de sueño
juegan entre piedras
en la piel de la quietud.
Sola,
con la brisa,
respiro palabras,
quemo la distancia
para entrar en mi,
donde habita el silencio,
la llama del latir,
el paladar de la mirada,
espejos de nueva sensación.

***

Somalia, por Luis Gutiérrez Barrio


Un grito subía por su seca y polvorienta garganta, buscando con desesperación un hueco por donde salir, pero no lo encontró. Un sollozo se ahogó antes de ver la luz. Su boca estaba sellada.
Dirigió sus ojos de niño al infinito, en busca de una mirada de comprensión. A nadie encontró y aquella mirada se perdió para siempre.
La tristeza hizo nido en su corazón. Una lágrima intentó asomarse al exterior, pero se secó antes de sentir el frescor de la vida. Sus ojos, inútiles hasta para llorar, tan solo servían de pasto a los miles de moscas que se agolpaban en sus comisuras. Poco a poco se fueron cerrando hasta sumirse en la más espesa de las tinieblas.
Se quedó escuchando con la esperanza de percibir una voz maternal que le hiciera sentir, en sus últimos instantes, el cariño y la ternura que nunca tuvo. Tan solo le llegaban gritos de desolación, llantos de desesperanza y gemidos de dolor. Poco a poco, hasta los gemidos se fueron apagando, apagando…, hasta quedar en el más absoluto de los silencios, roto solamente por el negro aletear de un pájaro de grandes dimensiones que revoloteaba a su alrededor. Trató de gritar, de pedir socorro, necesitaba que alguien le escuchara, que alguien supiera que existía. Su sellada boca y su seca garganta no le permitieron emitir ni el más leve de los sonidos.
Lo único que percibía era un olor a olvido, a confusión, a indiferencia, a soledad y a muerte. Pero hasta los olores desaparecieron.
Dentro de su ser se mezclaban y pudrían la ira con la impotencia, la pena con la soledad, el hambre con la injusticia, la sed con el odio, la enfermedad con el abandono, la indiferencia con el olvido, creciendo a pasos agigantados sin encontrar el más mínimo resquicio por donde salir.
Un día, la desesperación llegó a tal límite que perdió todos los miedos, y explotó con tal violencia que un enorme cráter abrió sus infantiles entrañas esparciendo por todo el universo la miseria contenida. El mundo entero se resquebrajó, y un trueno recorrió la Tierra gritando: ¡¡TENGO HAMBRE!!

***

Doce versos a Santa Teresa, por Verónica Amat


Fuiste su cazador, o fuiste caza?
del ave confiada hasta tu fuente,
llego y bebió transida el agua pura.
En tus manos comió pan de tu hogaza,
y al vuelo renuncio gozosamente,
y atada se quedo a tu andadura.
Razón a su divino desvarío
la carne por si sola no comprende,
no sabe esta locura compartida.
Y tarda en aceptar el desafío,
del vuelo de su alma que la asciende,
para hacer del amor boda encendida.

***

Con lápices, plumas y pigmentos, por Carlos Blanco Sánchez

Ilustrar es para el artista pescar imágenes y colores
en las profundidades emocionales de su ser y sembrarlos
en un papel.
Con lápices, plumas y pigmentos para
devolverlos a los mares
internos de los lectores: océanos
que anidan en el corazón. Océanos que inundan
la mente y la añoranza.

L.H.

He visto a Horna "pescar"
en el inmenso mar
de un pliego en blanco;
colmar su nasa con flores,
con cometas,
con espadañas,
tío-vivos,
caracolas,
sirenas,
soles,
ranas,
con palomas ávidas de paz,
con cartas del Tarot
toros,
caballos,
y hasta con “Bárbara”, la mariposa,
y “Plácido”, el dragón.

He visto a Horna dotarlos de alma,
-ebrio de arco iris-,
vestir las princesas
con bordados
de filigrana charra
y al pasear por su jardín rebosante de flores
con sonrosada tez,
me he perdido entre aromas
que impregnaban
los lienzos de sus cuadros,
las páginas del libro.
¡Qué pocas,
siempre,
para tan idílico paseo!

Y degusté almíbares
trepando por los troncos
y las ramas de los árboles de Horna.
Desde sus copas
escruté mil horizontes
diferentes.
Emocionado,
sentí el viento,
las nubes alcancé
con mis manos infantiles,
vacilantes,
y las besé,
y hasta sentí su sabor azucarado,
tejidas con amor festivo,
algodonoso.

Con él pude aprender
que el Universo es infinito
sentado en los tejados de sus casas,
tomando las estrellas
una a una.
A la luz de sus pecosas lunas
avisté gatos que,
de verdad,
maullaban;
y peces volanderos
pululando
muy lejos del río azul
y de la mar.
¡Saltaban de las páginas del libro!
¡Y de aquella exposición en Garcigrande!
¡Y en muchas otras salas!

Le he visto engalanar a Salamanca
de tantos colorines que,
ni en sueños,
hubiera imaginado
y ella tan bonita
y picarona.

En deliciosas nubes cabalgué
y descubrí a Delibes por Sedano,
en plena primavera,
montado en bicicleta.
Al cárabo ulular entre los pinos.
Me adentré
“Por caminos azules”
y escuché
“Tambores de Paz”
en la distancia.
Conocí a Alberti,
con su camisa blanca
azotada por la brisa,
allá en El Puerto,
cuando gritaba:
“¡Aire, que me lleva el aire!”
y pude escuchar a Horna preguntarme:
"¿Quieres que te enseñe cómo se hace un pan"?
Acaricié “La piedra arde”
y de su luz
surgió mi primer libro de poemas.
Todo un sueño infinito
de un mundo de imposibles
que Luis de Horna hace emerger
y muestra entre cenefas,
aguardando
que mis ojos
lo contemple
y quede ensimismado.

A su vera
di la vuelta al mundo
en un instante.

El alma de este autor
emerge de su obra.
¡Qué suerte que la vi!
También la acaricié
y hasta guardo un pedacito,
aquí,
en mi mano.

***

lunes, 10 de octubre de 2011

Cuerpo de Poesía IV

Nueva entrega del proyecto Cuerpo de Poesía, de Mauricio Polina Cano:



TE VOY A DEJAR LOS BRAZOS QUE YA NO ME SIRVEN


Te voy a dejar los brazos que ya no me sirven
La saliva que se va ahogando en el acuoso rincón de la memoria
Las alas se van descomponiendo en mi nombre
El gesto inmenso que tengo encerrado
Aquí el títere soy yo
La almohada de mis lamentos nocturnos
Enmohecidas lágrimas en el resbalado paladar
Me tejes el epitafio dormido
Los ojos que se van pulverizando a dos horas de morir
¡Adiós!
Ya no me quedan ni ganas para voltear a la ostra que tiene imagen de mujer
























Las imagenes retratan la historia de una femme fatale que hace sufrir a todos los hombres que han estado con ella. Se sabe bella, seductora, y utiliza estas cualidades para torturarlos.

Fotografía central: Marcela Torres (modelo)
Arriba izquierda: Marcela Torres, David Ramírez (modelos). Fotografía: Ing. Rodolfo Reza. Idea creativa: Felipe Polina
Arriba derecha: Gustavo Flores (modelo). Fotografía -idea creativa: M. Polina
Abajo izquierda: David Ramírez (modelo). Fotografía: Ing. Rodolfo Reza. Idea Creativa: M. Polina
Abajo derecha: Ángel Zuñiga (modelo). Fotografía -idea creativa: Mauricio Polina

jueves, 29 de septiembre de 2011

Textos usados en la visita a la Salamanca desaparecida

Para los que no pudisteis asistir ayer a la visita guiada por la Salamanca desaparecida y para los asistentes interesados, aquí tenéis los textos que leyó nuestro guía, Miguel Ángel Martín Mas, y varias referencias y enlaces a su blog, donde podréis encontrar más información.

Introducción a la Guerra de la Independencia
La Salamanca de Lord Wellington y las huellas de la Guerra de la Independencia en Salamanca
Construcción de los fuertes en Salamanca
El capellán de brigada William Bradford y su visión de la Guerra
Patrick Curtis o Patricio Cortés
La rocambolesca pero verdadera historia del sargento Mayoral


El siguiente texto de Joaquín Zaonero, que podéis encontrar en el libro publicado por la librería Cervantes en 1998 y titulado Libro de noticias de Salamanca que empieza a regir el año 1796, narra así el sufrimiento de la ciudad durante la ocupación por ejércitos ingleses y franceses durante la Guerra, y la explosión del polvorín que provocó la pérdida de un tercio del patrimonio monumental de la ciudad el 6 de julio de 1812. Se conserva la ortografía original.


Escrivir todo lo que pasó en Salamanca y lo que sufrió los vecinos de Salamanca es imposible porque cada día avía alguna novedad i todas malas; los editos y proclamas y bandos fueron infinitos, las prisiones, confiscaciones de vienes de los adi[c]tos a la nación; tanvién los rovos no fueron pocos; los que se ausentavan quando entravan unas tropas y salía[n] otras fueron muchas familias, en fin, fue la época más memorable de España, en general y en particular, pues cada provincia, ciudad, lugar o aldea por pequeña que fuesen vio los orrores de la guerra más cruel.
Por Salamanca pasaron desde principios de noviembre de 1807 hasta 17 de junio de 1812, 300.000 ombres de todos los exércitos y aunque éste es un cálculo, puede ser que me que[de] corto. Murieron en los ospitales de Salamanca desde el 17 de enero día que entraron hasta 16 de junio por la noche de 1812 día que salieron más de 7000 franceses. (…)
La pólvora i municiones que se cojieron a los franceses en los Fuertes de S. Caietano y S. Bicente las metieron en unas paneras en la calle de la Esgrima para hirlas llevando a Ciudad Rodrigo. El día 6 de julio, día memorable para Salamanca se predió fuego a dicho almacén a las siete i media de la mañana, por poca precaución en andar con ella i en averla puesto dentro del pueblo. Se undieron muchas casas dejando a sus moradores devajo de sus ruinas, feneció toda la guardia, el capitán comisionado, algunos obreros. Los pedazos de cuerpos volavan a mucha distancia. Las calles de la Esgrima, de la Sierpe y de los Moros quedaron sin vecinos, los botes de la metralla y las granadas era una lluvia; no quedó una vidriera en Salamanca. Los cuerpos echos pedazos y algunos enteros se enterraron en S. Benito, donde se abrió una zanja en vez de sepulturas. Con esta catástrofe acavó la parroquia de S. Blas, tan populosa. Los bienes y muebles de dichos parroquianos quedaron sepultados; algunos edificios i muchas casas distantes quedaron sentidas. Fue lunes, día entre los muchos que no olvidará en muchos años, dije entre los muchos, porque tiene muchos de tribulación de que hacer memoria. En la parroquia de S. Benito se enterraron como una docena de cadáveres; luego, se determinó que los restantes se enterrasen en el templo destruido que fue de S. Blas. (…)


Ramón de Mesonero Romanos, en su obra Memorias de un setentón, recoge (pp.187-198) una visita que hizo a Salamanca desde Madrid junto a su padre y sus hermanos en agosto de 1813, y que nos da una idea de la situación en la que quedaron la ciudad y los alrededores tras la explosión del polvorín y la Batalla de los Arapiles:

Blasco Sancho, Villanueva de Gómez, Muñoz Sancho y Peñaranda de Bracamonte fueron las regaladas etapas en los días subsiguientes; y mi padre, que era gran andarín y no podía sufrir el traqueteo de la galera, no bien salimos al amanecer el último día de Peñaranda de Bracamonte, nos empeó a emprender a pie y por vía de paseo la marcha a la ciudad, de la que aún distábamos siete leguas mortales, y luego que hubimos llegado a Ventosa y Huerta, pueblos más cercanos, todo se le volvía a enristrar el catalejo para ver si alcanzaba a descubrir alguna de las torres que él tenía impresas en la imaginación; pero a medida que íbamos acercándonos se iba también anublando su semblante, y lanzaba suspiros y exclamaciones, porque echaba de menos muchas de ellas que habían desaparecido en los horrores de la guerra.
Llegamos al fin a Salamanca, sanos y salvos, en la tarde de la jornada quinta, y luego que descansamos aquella noche, fue su primer cuidado a la mañana siguiente marchar con toda la familia a recorrer los barrios extremos, señaladamente los que dan al río Tormes, y que ofrecían un inmenso montón de ruinas, una absoluta y espantosa soledad.
A su vista, mi buen padre, bañado en lágrimas el rostro y con la voz ahogada por la más profunda pena, nos hacía engolfar por aquellas sombrías encrucijadas, encaramarnos a aquellas peligrosas ruinas, indicándonos la situación y los restos de los monumentales edificios que representaban. “Aquí –nos decía, sin saber él mismo que parodiaba a Rioja en su célebre composición A las ruinas de Itálica-, era el magnífico monasterio de San Vicente; aquí el de San Cayetano; allá los de San Agustín, La Merced, la Penitencia y San Francisco; éstos fueron los espléndidos colegios mayores de Cuenca, Oviedo, Trilngüe y Militar del Rey. Aquí estaba el Hospicio, la casa Galera, y por aquí cruzaban las calles Larga, de los Ángeles, de Santa Ana, de la Esgrima, de la Sierpe”, y otras que habían desaparecido del todo. Tanta desolación hacía estremecer al buen patricio, y su llanto y sus gemidos nos obligaban a nosotros a gemir y a llorar también.
La verdad es que esta antiquísima y monumental ciudad había sucumbido casi en su mitad, como si un inmenso terremoto, semejante al de Lisboa a mediados del pasado siglo, la hubiese querido borrar del mapa. El sitio puesto por los ingleses antes de la batalla de los Arapiles; la toma de los monasterios fortificados de San Vicente y San Cayetano, y el incendio del polvorín y la feroz revancha tomada por los franceses la noche de San Eugenio, 15 de noviembre, a su vuelta a la ciudad, fueron sucesos ocasionales de tanta ruina, y que no se borrarán jamás de la memoria de los salmantinos.
Angustiados nuestros corazones con tan tétrico espectáculo, y no pudiendo mi padre soportarle por muchos días, sacónos al fin de la ciudad para los pueblos inmediatos de Las Torres y Pelabrabo, donde, según dije antes, tenía sus propiedades, más bien que con el propósito de visitarlas, con el deseo de recorrer aquellos campos gloriosos, en que se verificó el 22 de julio del año anterior, la tremenda lucha entre los ejércitos aliados y el del invasor, que dio por resultado el señalado triunfo de los primeros.
Pisamos, pues, aquéllas célebres, aunque modestas heredades, hallándolas casi yermas, si bien sembradas de huesos y esqueletos de hombres y caballos, de balería de todos los calibres, y de infinitos restos del equipo militar. Era un inmenso cementerio al descubierto, que se extendía por algunas leguas a la redonda, y que ofrecía un horroroso espectáculo, capaz de poner miedo en el ánimo más esforzado. Pero los muchachos lo apreciábamos de otro modo, convirtiéndolo todo en provecho de nuestros juegos y escarceos. Mis hermanitos y yo, unidos con los chicos de los renteros de mi padre, y con la mejor voluntad y patriótica algazara, reuníamos aquellos horribles restos, apilándolos en formas caprichosas y pegándoles fuego con los rastrojos, porque todos aquellos huesos, a nuestro entender, “eran de los pícaros franceses”, y porque, según nos aseguraban los labriegos, aquellas cenizas eran muy convenientes para el abono de las tierras. (…)

viernes, 23 de septiembre de 2011

XVI Encuentro de Poetas Iberoamericanos, 5 y 6 de octubre
















Poeta homenajeado: Hugo Mujica (Argentina)
Miércoles, 5 de octubre: 19,00 h Sala de la Palabra. Teatro Liceo
Jueves, 6 de octubre: 19,30 h Sala de la Palabra. Teatro Liceo


La altura del vuelo, título del XIV Encuentro de Poetas Iberoamericanos, es un entrañable homenaje a las letras de la República Argentina, en la figura de Hugo Mujica (Buenos Aires, 1942), destacado poeta, filósofo, ensayista y sacerdote. Una amplia antología de su tallada obra se acopia en el libro que la Fundación Salamanca Ciudad de Cultura ha publicado para la ocasión, donde también se incluyen textos de otros doce poetas de España, Perú, Venezuela, Portugal o México. El coordinador del Encuentro es Alfredo Pérez Alencart, profesor de la Universidad de Salamanca y miembro de la Academia Castellana y Leonesa de la Poesía.

Una cita ineludible para los amantes de la poesía, que disfrutarán de las sesiones de lectura poemas de boca de sus propios autores venidos de diferentes países del ámbito iberoamericano.

Día 5 de octubre, miércoles
Lectura de poemas

Hugo Mujica (Argentina)
Miro Villar (España)
Milena Rodríguez (Cuba)
Luis Arturo Guichard (México)
Paulo de Tarso Correia de Melo (Brasil)
Jesús Losada (España)

Día 6 de octubre, jueves
Lectura de poemas

Enrique Gracia Trinidad (España)
José Agustín Haya de la Torre (Perú)
Javier Burguillo (España)
Ana Agustín (España)
Hugo Milhanas Machado (Portugal)
José Antonio Valle Alonso (España)
Pedro Tarquis (España)
Cristina Falcón Maldonado (Venezuela)





















viernes, 9 de septiembre de 2011

Recital el 19 de octubre: Vendimiario

Sala de la Palabra. Teatro Liceo 20,15 h
Como miembro de SLC, envía tu texto antes del 12 de octubre (prosa o poesía) para participar en el primer recital del nuevo curso.

Cita el miércoles, 28 de septiembre: la Salamanca desaparecida




















Plaza de las Agustinas (junto a la Purísima) 20,00 h

Hace 200 años, Salamanca era una ciudad muy diferente a la que hoy conocemos, ya que la Guerra de la Independencia provocó la pérdida de un tercio de su patrimonio monumental. Esta visita guiada pretende que nos resulte más fácil imaginar cómo sería esa “Salamanca desaparecida”; para ello, nuestro guía se apoyará en textos de diarios escritos por algunos de los testigos de aquellos acontecimientos. El reto esta vez va más lejos: reconstruir la ciudad en nuestra mente, ponernos en la piel de los salmantinos de la época… y escribir sobre ello.
Duración aproximada: 1h 30’

Cita el sábado, 17 de septiembre: Monumenta Salmanticae
















Centro de Interpretación sobre el Patrimonio Arquitectónico y Urbano de la Ciudad de Salamanca. Iglesia de San Millán (calle Veracruz, al final de Libreros) 18,00 h


El Ayuntamiento de Salamanca y la Fundación del Patrimonio Histórico de Castilla y León presentan, en este innovador espacio, los valores patrimoniales y urbanos que merecieron la declaración de la capital del Tormes como Ciudad Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. El fraile ermitaño Emiliano Monumentii será nuestro guía. Además, recreaciones virtuales, infografías y otros elementos audiovisuales nos mostrarán la evolución urbana de la ciudad o imágenes antiguas del patrimonio histórico-artístico.
N.B.: Se trata de una visita guiada teatralizada abierta al público en general (de ahí el fijar este día y hora).

martes, 6 de septiembre de 2011

Cuerpo de Poesía (III)

Mauricio Polina Cano, en esta tercera entrega de Cuerpo de Poesía, nos propone un nuevo texto y sugerentes imágenes:


Colosal


Colosal criatura ¡háblame!

baja la mirada al escalofriante mundo,

tan vivaz y sigues allá,

siempre viendo al infinito.

Tan perfecto,

indeleble ante la tormenta de polvo.

¡Háblame!,

no sigas silenciando al ruido.

Las manos de marfil de la memoria diurna.

Háblame,

heme aquí, tan yo, y tan tú.

Háblame de palabras consonánticas.



Colosal figura de carne blanca, ¡háblame!,

estoy esperando un latido de tu corazón de piedra,

un minuto de tu perfección,

la anatomía perfecta en el primer cincel de mañana



Háblame, no me dejes hermético,

sin la mirada que atrapa hasta el mordaz momento,

háblame de tu perfecta quietud,

Milímetro a milímetro y la faz de bondad.

Háblame de la vida desde la cúpula de nuestro reencuentro


















De izquierda a derecha:

Foto 1> Modelo: Gustavo Flores González. Fotografía: Mauricio.
Foto 2> “El David”. Colección Particular M. Polina.
Foto 3> Mano superior: David Ricarte Reynoso. Mano inferior: Mauricio Polina.
Foto 4> Modelo: Gustavo Flores González.
Foto 5> Modelo: Gustavo F.

miércoles, 3 de agosto de 2011

Cuerpo de Poesía (II)

Mauricio Polina Cano envía desde México la segunda entrega del proyecto Cuerpo de Poesía.



Rostro de Arena

Se van tejiendo las venas de trigo eterno,
el cráneo se va salpicando con la sangre nueva del alba.
Aromas de la vida en la cima de la cascada vegetal,
huellas matizadas con las rimas lentas de un sol naciente.
Rostro de resurrección,
posesión latente en la espesa llanura de sal,
sol liquido envuelto en las manos de medusa.
Rostro dividido para saltar a la rosa de cuatro pétalos,
o quedarse atónito ante la cruda
sonrisa.

























Modelo: Mauricio Polina Cano
Fotografías: Iván Guerrero López

miércoles, 22 de junio de 2011

Paseo Literario (XIV): san Juan de la Cruz

Durante sus años de estudiante en la Universidad de Salamanca (1564-1568) Juan de Yepes, o fray Juan de Santo Matías, como le llamaban entonces, llevó una vida recogida, de oración y estudio. Residió en el desaparecido convento carmelita ublicado en el Arroyo de Santo Domingo. Estando en Salamanca, conoce a Teresa de Jesús y asume la tarea de reformar la rama masculina de su orden, por lo que será encarcelado. Junto con la santa de Ávila constituye la cima más alta de la mística española. Desde 1952 es patrono de los poetas en lengua española.

[Fuente: Paseo Literario por Salamanca, Consorcio Salamanca 2002]

Almudena Torres, Toño Blázquez, Maribel Domínguez Real, Sofía Montero, Luis Gutiérrez Barrio, Isaura Díaz Figueiredo y Matilde Garzón Ruipérez



Canciones del Alma...
[II]
Poema seleccionado por Almudena Torres


¡Oh llama de amor viva,
que tiernamente hieres
de mi alma en el más profundo centro!
pues ya no eres esquiva,
acaba ya si quieres;
rompe la tela de este dulce encuentro.

¡Oh cauterio suave!
¡Oh regalada llaga!
¡Oh mano blanda! ¡Oh toque delicado,
que a vida eterna sabe
y toda deuda paga!,
matando muerte en vida la has trocado.

¡Oh lámparas de fuego
en cuyos resplandores
las profundas cavernas del sentido
que estaba oscuro y ciego
con extraños primores
calor y luz dan junto a su querido!

¡Cuán manso y amoroso
recuerdas en mi seno
donde secretamente solo moras
y en tu aspirar sabroso
de bien y gloria lleno
cuán delicadamente me enamoras!


A San Juan de la Cruz
Texto original del P.Juan Alberto de los Cármenes, carmelita descalzo (1915-1999)


Maravillosamente dijiste tu ventura.
La Noche y la Alborada te dieron su misterio.
¡Brilló tu Llama Viva y ardió la Noche Oscura,
y todo el universo fue verso en tu salterio!

Maravillosamente supiste la Hermosura;
rendido a su Prodigio te diste en cautiverio;
fue el Toque delicado, la Mano de blandura,
la Llaga regalada, suavísimo el Cauterio.

¡Oh, cómo amaste! ¡El ángel por ti se sonrojara!
¡Y se incendió la Noche con tu palabra clara,
con tu decir divino, con tu versar sapiente!

¡España, que te ofrece las cumbres de su historia,
besó tu lira extraña, donde con fuego y gloria
dijiste tu Ventura maravillosamente!


Tras un amoroso lance
Poema de san Juan de la Cruz seleccionado por Luis Gutiérrez Barrio


Tras de un amoroso lance,
y no de esperanza falto,
volé tan alto, tan alto,
que le di a la caza alcance.

Para que yo alcance diese
a aqueste lance divino,
tanto volar me convino
que de vista me perdiese;
y, con todo, en este trance
en el vuelo quedé falto;
mas el amor fue tan alto,
que le di a la caza alcance.

Cuanto más alto subía
deslumbróseme la vista,
y la más fuerte conquista
en oscuro se hacía;
mas, por ser de amor el lance
di un ciego y oscuro salto,
y fui tan alto, tan alto,
que le di a la caza alcance.

Cuanto más alto llegaba
de este lance tan subido,
tanto más bajo y rendido
y abatido me hallaba;
dije: ¡No habrá quien alcance!
y abatíme tanto, tanto,
que fui tan alto, tan alto,
que le di a la caza alcance.

Por una extraña manera
mil vuelos pasé de un vuelo,
porque esperanza del cielo
tanto alcanza cuanto espera;
esperé solo este lance,
y en esperar no fui falto,
pues fui tan alto, tan alto,
que le di a la caza alcance.


Cántico espiritual
Fragmento seleccionado por Isaura Díaz Figueiredo



¿A dónde te escondiste,
Amado, y me dejaste con gemido?
Como el ciervo Huiste,
habiéndome herido;
salí tras ti clamando, y eras ido.

Pastores, los que fuerdes
allá por las majadas al otero:
si por ventura la vierdes
aquel que yo más quiero,
decidle que adolezco, peno y muero.

Buscando mis amores,
iré por esos montes y riberas;
ni cogeré las flores,
ni temeré las fieras,
y pasaré los fuertes y fronteras.

(Pregunta a las criaturas)

¡Oh bosques y espesuras,
plantadas por la mano del Amado!
¡Oh prado de verduras,
de flores esmaltado!
Decid si por vosotros ha pasado.

(Respuesta de las criaturas)

Mil gracias derramando
pasó por estos Sotos con presura,
E, yéndolos mirando,
Con sola si figura
vestidos los dejó de su hermosura.


La sensualidad del alma
Poema original de Sofía Montero García



Hiero mi sed
con la piel del sentimiento.
Divina quietud
en el deseo del Amado,
desvela mi mente
en un éxtasis de cielo,
que roba mis sentidos.
Vuelo de aromas,
de amor en llamas
duermen con el alba
en el espejo de un sueño,
silencian la pasión
con un llanto de besos esculpidos.
placer infinito en la quietud del tiempo.


A Juan de la Cruz

Poema original de Maribel Domínguez Real

Dejé de ser
el hueco, de mi hueco,
yo misma, la imperfección,
la envoltura dulce que niega las cosas.

Me falta el silencio, Juan.

Enmudezco.
Susúrrame amor,
El ansia, todo lo alumbra.

Abrupta es la fruta dentro, toco el dolor.

Derrámense los poros en el escarmiento,
y, alójame tú allí, en el extravío del ámbar.

Pendan luego estigmas inertes del alféizar de tu frente en sombra.

Hállese muertos los lirios que no exculpen mi pecado.

Deseo estar a solas, rasgándome, flagelándome, en el centro mismo de todas las zarzas.

Mi pelo está encendido por hallarse júbilo…me arde sofocando brisas
en el bosque solitario de cada llama tuya.

Siembro adviento,
y se aroma mi útero
con plasma de azucena.

En llaga me inclino, Ángelus.

Mi cuerpo cae de mi cuerpo saciado y dulce.
Enferma está la niebla en la alameda,
la urdimbre vegetal que baja por el rostro del amado.

A veces, le perturba el amasijo ingrávido de la luz;
y un huerto íntimo le florece en el aroma.

¡¡Arranca de mi carne este tormento; corazón mío!!

Aparta de mí esta tersura en púrpura, sin pétalos, apenas nada.
La paz profunda del desierto mío. Juan… ¡¡Hágase!!


Poema original de Matilde Garzón Ruipérez inspirado en la obra de san Juan de la Cruz

Y todo se me fue dando
cuando a todo renuncié,
cuando todo lo perdí
de nuevo me lo encontré.
Cuando a Dios posea del todo
la plenitud hallaré,
aprendiendo a gustar todo
en la belleza y bondad
ya siempre libre estaré
nadando en un mar de paz.
Quiero la nada olvidar del todo
y al todo aplicarme toda.


Me fue dada
Texto de Benito González


A través de las sendas oscuras de la temblorosa penumbra he caminado, siglos de búsqueda.
Dejando atrás los hechizos azules de los vientos perversos en los años sin vida.
¡Para llegar a ti, San Juan de la Cruz!
Pero, al fin he alcanzado las cimas blancas de tus manos y en el fondo de tu mirada un nuevo arco iris surge, pleno de belleza.
¡Oh, Poeta! Eres la luz en la lejanía, donde flotan en destellos los deseos puros de los bosques de mi alma.
En su resplandor puedo contemplar los sentidos alegres de tu corazón al hablarme.
¡Poderoso sentimiento en mí, que canta alegre a tu dichosa humildad!
Me fue dada la ternura de tu palabra…en porciones deliciosas.

Paseo Literario (XIII): Miguel de Cervantes

Dado que poseemos pocos datos seguros sobre su turbulenta juventud, no se puede asegurar lo que creen algunos estudiosos, que estudió en Salamanca el curso 1567-1568. Lo que sí es cierto es la especialísima relación literaria que Cervantes tiene con nuestra ciudad, la cual le debe una parte de su fama. En efecto, una de sus Novelas Ejemplares, El Licenciado Vidriera, refleja el ambiente estudiantil salmantino de la época, y su entremés La Cueva de Salamanca, que recupera el viejo tema medieval del estudiante nigromante, difundió universalmente la leyenda de la ciudad como centro de saberes ocultos.

[Fuente: Paseo Literario por Salamanca, Consorcio Salamanca 2002]



Fragmento del Entremés del viejo celoso, seleccionado por Mª Victoria Díaz Santiago

(Salen DOÑA LORENZA, y CRISTINA, su criada, y ORTIGOSA, su vecina.)

LORENZA. Milagro ha sido éste, señora Ortigosa, el no haber dado la vuelta a la llave mi duelo, mi yugo y mi desesperación. Éste es el primero día, después que me casé con él, que hablo con persona de fuera de casa. ¡Que fuera le vea yo desta vida a él y a quien con él me casó!

ORTIGOSA. Ande, mi señora doña Lorenza, no se queje tanto, que con una caldera vieja se compra otra nueva.

[...]

LORENZA. Que no quiero riquezas, señora Ortigosa; que me sobran las joyas, y me ponen en confusión las diferencias de colores de mis muchos vestidos; hasta eso no tengo que desear, que Dios le dé salud a Cañizares; más vestida me tiene que un palmito, y con más joyas que la vedriera de un platero rico. No me clavara él las ventanas, cerrara las puertas, visitara a todas horas la casa, desterrara della los gatos y los perros, solamente porque tienen nombre de varón; que, a trueco de que no hiciera esto y otras cosas no vistas en materia de reato, yo le perdonara sus dádivas y mercedes.

ORTIGOSA. ¿Que tan celoso es?

LORENZA. ¡Digo! Que le vendían el otro día una tapicería a bonísimo precio, y por ser de figuras no la quiso, y compró otra de verduras por mayor precio, aunque no era tan buena. Siete puertas hay antes que se llegue a mi aposento, fuera de la puerta de la calle, y todas se cierran con llave; y las llaves no me ha sido posible averiguar dónde las esconde de noche.















Fragmento del Entremés de La Cueva de Salamanca



SACRISTÁN

Oigan los que poco saben
Lo que con mi lengua franca
Digo del bien que en sí tiene

BARBERO

La Cueva de Salamanca.

SACRISTÁN

Oigan lo que dejó escrito
Della el bachiller Tudanca
En el cuero de una yegua
Que dicen que fue potranca,
En la parte de la piel
Que confina con el anca,
Poniendo sobre las nubes

BARBERO

La Cueva de Salamanca.

SACRISTÁN

En ella estudian los ricos
Y los que no tienen blanca,
Y sale entera y rolliza
La memoria que está manca.
Siéntanse los que allí enseñan
De alquitrán en una banca,
Porque estas bombas encierra

BARBERO

La Cueva de Salamanca.

SACRISTÁN

En ella se hacen discretos los moros de la Palanca;
Y el estudiante más burdo
Ciencias de su pecho arranca.
A los que estudian en ella,
Ninguna cosa les manca;
Viva, pues, siglos eternos

BARBERO

La Cueva de Salamanca.

SACRISTÁN

Y nuestro conjurador,
Si es, a dicha, de Loranca,
Tenga en ella cien mil vides
De uva tinta y de uva blanca;
Y al diablo que le acusare,
Que le den con una tranca,
Y para el tal jamás sirva

BARBERO

La Cueva de Salamanca.



Un velero llamado libertad
Texto original de José Miguel García


¡Hola, Alonso Quijote! Dicen que es imprescindible estar loco para ver molinos de viento transformados en gigantes. Gigantes; molinos de viento, y, la lucha por la libertad en medio del Océano de La Mancha; en medio del Océano de palabras que derrama una buena colección de “libros de caballerías”; por velero, un rocín flaco, y, por corazón, un transatlántico del tamaño del Queen Mary II.

Todo el Mundo te lleva a su casa en letra impresa; nadie te lee. Yo, Quijote que todavía no ha llegado a la playa de la Barceloneta; y, Quijote que no ha sido afeitado por ningún Caballero de la Blanca Luna, he cometido la quijotada de leerte dos veces completico. Alguien se perdió el placer de pasar las noches en vela leyendo libros de caballerías. Alguien; muchos.

¡Hola, Alonso el Bueno! Me has hecho pasar dos épocas de mi vida de una manera impagable. Deseo seguir siendo el loco del pueblo, si ello es necesario para poder disfrutar de tus “aventuras”; para seguir soñando que hay un lugar para los soñadores en una vida tan poco onírica.



El brote armonioso
Poema original de Benito González



De su dorada clausura salió
el brote armonioso de la rosa de tu corazón.
Desde entonces…
perfúmenes y cantares
elevan maravillados
la brisa dulce de tu hidalgo Quijote

y…la lluvia fluye por los hayedos
mojando mis pies soñadores,
mientras un viento cauteloso
me besa nervioso,
recordándome que hoy
amigo Miguel de Cervantes
vi, entre rayos de soles,
el brote armonioso
de la rosa de tu corazón.


Versos en honor al libro de El Quijote
Texto original de Antonio Alonso García


El libro de don Quijote
causa siempre sensación,
lo que escribe en él Cervantes
es digno de admiración.

La fantasía del Quijote,
caballero sin igual,
gusta tanto a los lectores
que no desean su final.

En el libro de El Quijote
destacan los personajes
don Alonso de Quijano,
el Quijote, y su ropaje.

También su escudero Sancho
junto al bachiller Carrasco
y cómo no, Dulcinea,
que tanto amaba a Quijano.

En La Mancha se le quiere,
en La Mancha se le adora.
don Quijote, en España,
gusta mucho a todas horas.

Apreciaba y defendía
con orgullo a Dulcinea,
a Sancho Panza estimaba
y al bachiller lo recrea.

Sus aventuras son muchas,
su valor siempre admirable.
con su caballo triunfaba
feliz con su Rocinante.

A don Miguel de Cervantes
febemos agradecer
haber escrito el Quijote,
libro grande cien por cien.

En el mundo hay escritores
con una gran calidad,
pero Miguel de Cervantes
no se puede superar.

Con don Quijote ha triunfado
en el mundo el español,
el idioma de Cervantes
llena vida y corazón.

Paseo Literario (XII): Diego de Torres Villarroel

Nacido en la calle Libreros, es uno de los personajes más atractivos y originales del siglo XVIII español. En 1726 gana la cátedra de Matemáticas y Astronomía de Salamanca, hecho que los estudiantes celebraron con grandes fiestas. Sus predicciones astrológicas, que firmaba como “El Gran Piscator de Salamanca”, le dan gran popularidad en toda España. Escritor agresivo y satírico, amante de lo grotesco y del humor negro, su fama actual se debe a su autobiografía, escrita para justificar su vida y su obra, desacreditadas por los enemigos acumulados por su carácter independiente, desenfadado e irónico y su habilidad para enzarzarse en polémicas. Llega a ser vicerrector de la Universidad y reside los últimos años de su vida en el palacio de Monterrey, al servicio del duque de Alba.

[Fuente: Paseo Literario por Salamanca, Consorcio Salamanca 2002]



Luis Gutiérrez Barrio, Carlos Blanco, Antonio Alonso, Sofía Montero, Elena Villarroel, Jose Miguel García, Blanca González Prieto y Annie Altamirano




Nacimiento, crianza y escuela de don Diego de Torres y sucesos hasta los primeros diez años de su vida, que es el primer trozo de su vulgarísima historia

Yo nací entre las cortaduras del papel y los rollos del pergamino en una casa breve del barrio de los libreros de la ciudad de Salamanca, y renací por la misericordia de Dios en el sagrado bautismo en la parroquia de San Isidoro y San Pelayo, en donde consta este carácter, que es toda mi vanidad, mi consuelo y mi esperanza.
(…)

Crieme, como todos los niños, con teta y moco, lágrimas y caca, besos y papilla. No tuvo mi madre en mi preñado ni en mi nacimiento antojos, revelaciones, sueños ni señales de que yo había de ser astrólogo o sastre, santo o diablo. Pasó sus meses sin los asombros de las pataratas que nos cuentan de otros nacidos, y yo salí del mismo modo, naturalmente, sin más testimonios, más pronósticos ni más señales y significaciones que las comunes porquerías en que todos nacemos arrebujados y sumidos. Ensuciando pañales, faldas y talegos, llorando a chorros, gimiendo a pausas, hecho el hazmerreír de las viejas de la vecindad y el embelesamiento de mis padres, fui pasando hasta que llegó el tiempo de la escuela y los sabañones. Mi madre cuenta todavía algunas niñadas de aquel tiempo: si dije este despropósito o la otra gracia, si tiré piedras, si embadurné el vaquero; el papa, caca y las demás sencilleces que refieren todas las madres de sus hijos. Pero siendo en ellas amor disculpable, prueba de memoria y vejez referirlas, en mí será necedad y molestia declararlas. Quedemos en que fui, como todos los niños del mundo, puerco y llorón, a ratos gracioso y a veces terrible, y están dichas todas las travesuras, donaires y gracias de mi niñez.


En la Torre del Marqués de Villena, junto a Villarroel
Texto original de Elena Villarroel


Sus ojos me hablan, profundos y misteriosos,
¿Qué pueden albergar?,
Tal vez visiones proféticas, tratados de medicina, el ayer, el mañana...
Una Golondrina se posa en su cabeza, hierática, pero tan pensante a pesar de los años.
Bajo las escaleras junto a él y un almanaque bajo el brazo, mientras su silencio me dice que el miedo está cerca, pero que nada puedo temer.
La antigüedad atestigua que allí unas voces callaron, amaron y subieron los peldaños que llevan a ver una ciudad pequeña, con sonidos de campanas.



Paseo Literario (XI): La Celestina

La Tragicomedia de Calisto y Melibea es quizá la obra cumbre de la literatura española después de El Quijote. La extraordinaria caracterización de un personaje, el de la vieja alcahueta Celestina, verdadero catalizador del destino desdichado de los otros actores del drama, hizo que ya desde muy pronto se llamase a la obra con su nombre, La Celestina. Tan popular se hizo que entró en la leyenda, y la leyenda le buscó una ciudad concreta, dado que el texto no precisa el lugar de la acción. Como su autor, el bachiller en Leyes Fernando de Rojas, la escribió siendo estudiante de Salamanca, aquí tomó vida la literatura. Al huerto de la casa de Melibea, donde tenían lugar los tórridos encuentros de los amantes, una vez asentada la leyenda de una Celestina salmantina, se le adjudicó este lugar, conocido hoy como Huerto de Calixto y Melibea.

[Fuente: Paseo Literario por Salamanca, Consorcio Salamanca 2002]





Soledad Sánchez Mulas y Carlos Blanco dramatizaron el fragmento que se incluye a continuación





Tragicomedia de Calisto y Melibea

Acto cuatorceno



CALISTO.- Quedaos, locos, que yo entraré solo, que a mi señora oigo.

MELIBEA.- Es tu sierva, es tu cautiva, es la que más tu vida que la suya estima. ¡Oh mi señor!, no saltes de tan alto, que me moriré en verlo; baja, baja poco a poco por la escala; no vengas con tanta presura.

CALISTO.-¡Oh angélica imagen! ¡Oh preciosa perla, ante quien el mundo es feo! ¡Oh mi señora y mi gloria! En mis brazos te tengo y no lo creo. Mora en mi persona tanta turbación de placer que me hace sentir todo el gozo que poseo.

MELIBEA.- Señor mío, pues me fié en tus manos, pues quise cumplir tu voluntad, no sea de peor condición por ser piadosa que si fuera esquiva y sin misericordia; no quieras perderme por tan breve deleite y en tan poco espacio. Que las mal hechas cosas, después de cometidas, más presto se pueden reprender que enmendar. Goza de lo que yo gozo, que es ver y llegar a tu persona; no pidas ni tomes aquello que, tomado, no será en tu mano volver. Guárdate, señor, de dañar lo que con todos tesoros del mundo no se restaura.

CALISTO.- Señora, pues por conseguir esta merced toda mi vida he gastado, ¿qué sería, cuando me la diesen, desecharla? Ni tú, señora, me lo mandarás ni yo podría acabarlo conmigo. No me pidas tal cobardía. No es hacer tal cosa de ninguno que hombre sea, mayormente amando como yo. Nadando por este fuego de tu deseo toda mi vida, ¿no quieres que me arrime al dulce puerto a descansar de mis pasados trabajos?

MELIBEA.- Por mi vida, que aunque hable tu lengua cuanto quisiere, no obren las manos cuando pueden. Está quedo, señor mío. Bástete, pues ya soy tuya, gozar de lo exterior, de esto que es propio fruto de amadores; no me quieras robar el mayor don que la naturaleza me ha dado. Cata que del buen pastor es propio trasquilar sus ovejas y ganado, pero no destruirlo y estragarlo.

CALISTO.- ¿Para qué, señora? ¿Para que no esté queda mi pasión? ¿Para penar de nuevo? ¿Para tornar el juego de comienzo? Perdona, señora, a mis desvergonzadas manos, que jamás pensaron de tocar tu ropa con su indignidad y poco merecer; ahora gozan de llegar a tu gentil cuerpo y lindas y delicadas carnes.


Soneto de Calisto y Melibea
Poema original de Armando Manrique Cerrato



Una figura enigmática camina
bajo los estorninos, el concierto
va a un encuentro romántico en el huerto
de forma audaz, furtiva, clandestina.

Le espera allí su amada, su heroína,
en la soledad del jardín desierto,
cita galante y portón abierto,
apaños de la vieja Celestina.

Una cita inmortal a la que asisto
sin que nadie parezca que prevea
que será un mito, único, imprevisto.

Aquí es; permitidme que la vea,
la pasión legendaria de Calisto
por la cándida y dulce Melibea.

Paseo Literario (X): El Lazarillo de Tormes

Lázaro de Tormes es uno de los personajes universales de la literatura española. La vida de Lazarillo de Tormes y de sus fortunas y adversidades (1554) inaugura el género picaresco, que tendrá un éxito enorme dentro y fuera de España y cuya influencia en la novela europea se extenderá al menos hasta el siglo XVIII. El mozo de muchos amos es un personaje vivo y auténtico. Su anónimo autor, buen conocedor de Salamanca, hace nacer a Lázaro junto al Tormes, en Tejares, y hace coincidir su partida con su brutal iniciación a la vida, sirviéndose del conocido símbolo salmantino, el verraco celtibérico que figura en el escudo de armas:

«Salimos de Salamanca, y llegando a la puente, está a la entrada de ella un animal de piedra que casi tiene forma de toro, y el ciego […] me dijo: “―Lázaro, llega el oído a este toro y oirás gran ruido dentro dél […]”. Y, como sintió que tenía la cabeza par de la piedra, afirmó recio la mano y diome una gran calabazada en el diablo del toro […] y díjome: “―Necio, aprende, que el mozo de ciego un punto ha de saber más que el diablo”»


[Fuente: Paseo Literario por Salamanca, Consorcio Salamanca 2002]





Almudena Torres, Carlos Blanco y Toño Blázquez frente a la Cruz de los Ajusticiados, al final de la calle Tentenecio




Fragmento de la adaptación, en verso, de La vida de Lazarillo de Tormes y de sus fortunas y adversidades, por Carlos Blanco



Por caminos pedregosos
y, a veces, llenos de barro,
El Lazarillo de Tormes
siempre llevaba a su amo.

Hasta tierras de Toledo
los dos se fueron andando
y, en el pueblo de Almorox,
vieron gente vendimiando.

Al pasar junto a una viña
que había al lado de un camino,
el dueño les dio, en limosna,
para los dos un racimo.

-"Hoy quisiera compartir
contigo, Lázaro amigo,
limosna tan exquisita
a la sombra de éste pino.
De una en una comeremos,
hasta llegar al final,
no hagas trampa, sé formal
y el racimo disfrutemos."

Comenzaron de una en una,
según acuerdo pactado,
apoyados en el pino,
sobre una piedra sentados.

El ciego, de dos en dos,
llevaba comiendo un rato.
Lázaro, al verlo, pensó:
-"Este ciego ha roto el pacto."

Y, apenas sin masticar,
de tres en tres las comía.
-"Nunca se podrá enterar".
Para sí mismo decía.

-"¡Has comido más que yo!"
-"¡Ni una más! ¡No le he engañado!"
-"Yo comía de dos en dos
y tú estabas muy callado."

En la villa de Escalona,
a un buen trecho de Toledo,
sacó el ciego del fardel
un chorizo casi entero.

-"Busquemos pronto un mesón
y pides, al mesonero,
que por un maravedí
dé de beber a éste ciego.

Antes me pones a asar
este chorizo en el fuego;
ten cuidado, no se queme,
o un pescozón yo te arreo.

Pronto el chorizo empezó
a pingar sobre las brasas;
tostando un trozo de pan
Lázaro untaba la grasa.

El diablo, que del fuego
es su más digno señor,
puso al pie de El Lazarillo
un nabo muy tentador.

-"El chorizo cambiaré
por este birrioso nabo,
como el ciego no lo ve
lo tragará sin pensarlo."

Mientras fue a buscar el vino
el chorizo se comió
a la vez que, el pobre ciego,
al nabo el diente le hincó.

-"¡Maldito muchacho! -dijo-
¡Mil palos te voy a dar!
¡Devuélveme mi chorizo!
o te lo haré vomitar."

-"¡Ay! ... ¡Desdichado de mí! ...
¡Le juro que yo no he sido!,
pues yo vengo de buscarle
este jarro de buen vino."

Y le cogió por los rizos,
abrió la boca al muchacho
esperando que el chorizo
aún no se hubiera tragado.


Llegaba hasta la garganta
la punta de su nariz
y al ciego vomitó encima
tan suculento festín.

Vino tinto con chorizo,
fuerte olor a pimentón,
pedazos de pan pringado...
por el suelo del mesón.

Tantos golpes le pegó
con el bastón, con la mano...
que, si al ciego no sujetan,
no sé qué hubiera pasado.

La mujer del mesonero,
con el vino, le curó,
las heridas y chichones
que el ciego le provocó.

-"En un año, ya he gastado,
para lavarte, más vino
que en dos años, quien les habla,
pudiera haberse bebido."

Y la gente se reía
al ver esta situación
y al escuchar las andanzas
que el ciego les relató.

Paseo Literario (IX): Fray Luis de León

Desaparecido el convento agustino donde residió, el nombre de este agustino humanista y escritor se evoca hoy en las Escuelas Mayores, en cuyo interior se conserva el aula que lleva su nombre y, en la capilla, sus restos mortales. Licenciado en Teología por Salamanca y Catedrático de Teología en 1561, fue un hombre de espíritu combativo y rebelde y un riguroso filólogo. La Inquisición lo tuvo preso varios años en Valladolid, hasta que fue exculpado y reintegrado en su cátedra, momento en el que pronuncia su famosa frase “Decíamos ayer…”.


[Fuente: Paseo Literario por Salamanca, Consorcio Salamanca 2002]


Soledad Sánchez Mulas, Isaura Díaz Figueiredo y José María Sánchez Terrones







Oda IX. Las Serenas

Seleccionado por Mª Victoria Díaz Santiago


A Cherinto

No te engañe el dorado
vaso ni, de la puesta al bebedero
sabrosa miel, cebado;
dentro al pecho ligero,
Cherinto, no traspases el postrero

asensio; ten dudosa
la mano liberal, que esa azucena,
esa purpúrea rosa,
que el sentido enajena,
tocada, pasa al alma y la envenena.

Retira el pie; que asconde
sierpe mortal el prado, aunque florido
los ojos roba; adonde
aplace más, metido
el peligroso lazo está, y tendido.

[...]

imita al alto Griego,
que sabio no aplicó la noble antena
al enemigo ruego
de la blanda Serena,
por do por siglos mil su fama suena;

[...]

Si a ti se presentare,
los ojos sabio cierra; firme atapa
la oreja, si llamare;
si prendiere la capa,
huye, que sólo aquel que huye escapa.


En la Ascensión
Seleccionado por José Mª Sánchez Terrones



¿Y dejas, Pastor santo,
tu grey en este valle hondo, oscuro,
con soledad y llanto;
y tú, rompiendo el puro
aire, te vas al inmortal seguro?
Los antes bienhadados
y los ahora tristes y afligidos,
a tus pechos criados,
de ti desposeídos,
¿a dó convertirán ya sus sentidos?
¿Qué mirarán los ojos
que vieron de tu rostro la hermosura,
que no les sea enojos?
Quien oyó tu dulzura,
¿qué no tendrá por sordo y desventura?
Aqueste mar turbado
¿quién le pondrá ya freno? ¿Quién concierto
al viento fiero, airado?
Estando tú encubierto,
¿qué norte guiará la nave al puerto?
¡Ay!, nube envidïosa
aun de este breve gozo, ¿qué te aquejas?
¿Dó vuelas presurosa?
¡Cuán rica tú te alejas!
¡Cuán pobres y cuán ciegos, ay, nos dejas!

***

La rana
Poema original de Armando Manrique Cerrato


Mira, ¿la ves?
Ahí está,
enfrente.
La rana coqueta
de la buena suerte
o el sapo inquietante
unido a la muerte.

¡Venga!,
ahora,
¡Espera!
¡Mira!, sigue mi mano
¡Allí en la columna!
al lado de la calavera.

Tendrás suerte,
aprobarás todo
si la encuentras.

La humilde ranita
al lado de reyes,
de escudos grandiosos,
de inscripciones épicas.

Ella,
pequeña,
discreta
se lleva la fama
en la gran sinfonía
escrita en la piedra.

Bajo el sol ardiente
del largo verano
ante cientos de ojos
que la observan;
o en el crudo invierno
en la fría soledad
de la plaza recoleta.

Allí,
para siempre
quieta
posada impasible
encima
de la calavera.

Sí, sí,
por allí.
bajo la mirada inmutable
de Fray Luis.

Nuestra rana entrañable
pequeñita,
tierna.
La que todos buscan
y algunos encuentran…